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Estados Unidos podría estar evaluando un cambio de régimen en Cuba y la eventual salida de Miguel Díaz-Canel del poder antes de que termine 2026, tomando como antecedente la reciente caída del Gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela.

Según un reciente reportaje de un importante medio estadounidense, evaluaciones internas del gobierno de EE.UU. sostienen que la economía cubana estaría cerca del colapso y que el régimen atravesaría uno de sus momentos de mayor fragilidad en décadas.

De acuerdo con esa evaluación, la administración de Donald Trump consideraría que la combinación de crisis económica, pérdida de apoyos externos y presión internacional podría abrir una ventana para forzar concesiones políticas dentro del propio sistema cubano, sin anunciar formalmente un plan de intervención.

¿Por qué Estados Unidos podría buscar un cambio de régimen en Cuba antes de 2026?

Todo este análisis surge de un reportaje publicado esta semana en The Wall Street Journal, que cita a funcionarios y personas con conocimiento directo de las discusiones en Washington. Según esa investigación, la Casa Blanca estaría explorando la posibilidad de identificar interlocutores dentro del Gobierno cubano que eventualmente acepten negociar una salida política.

El antecedente que serviría como referencia sería la captura de Nicolás Maduro, operación que -según fuentes oficiales- habría contado con la colaboración de alguien del entorno del líder venezolano.

A partir de ese episodio, Estados Unidos podría interpretar que el deterioro económico de Cuba -marcado por la escasez de alimentos, medicamentos y apagones- se vería aún más agravado tras la interrupción del flujo de petróleo proveniente de Caracas, aumentando la presión interna sobre el régimen.

Estados Unidos podría estar evaluando un cambio de régimen en Cuba y la eventual salida de Miguel Díaz-Canel del poder antes de que termine 2026.

¿Qué rol podría tener Miguel Díaz-Canel y qué escenarios analizaría Washington?

Según el reportaje del WSJ, Miguel Díaz-Canel sería visto en Washington como un presidente con escaso respaldo político propio, mientras el poder real del régimen seguiría concentrado en Raúl Castro, líder histórico del sistema y hermano de Fidel Castro, junto con las fuerzas de seguridad e inteligencia.

Esa estructura, marcada por un control centralizado y sin oposición organizada, haría que el escenario cubano sea más rígido y difícil de replicar que el venezolano.

Aun así, funcionarios estadounidenses estarían considerando una estrategia basada en presión económica creciente combinada con señales de apertura a una negociación, sin amenazar públicamente con el uso de la fuerza militar. El objetivo sería empujar al régimen a elegir entre un acuerdo político o un agravamiento de la crisis económica que derive en mayor inestabilidad social, un riesgo que incluso aliados de Trump reconocerían como uno de los principales límites de este enfoque.