

En Estados Unidos la entidad encargada de informar a la población sobre los aumentos que sufren los elementos integrantes de la canasta básica como alimentos, energía, vivienda y demás. En marzo, el Bureau of Labor Statistics (BLS) anunció que el Consumer Prices Index (CPI) fue de 0,9%.
Este número engloba todos los componentes y es un promedio. Vale destacar que entre las distintas secciones existe una gran diferencia de aumentos o descensos de precios.

Se disparan los precios de los cortes en abril: la inflación de marzo
El CPI de marzo registró una suba promedio del 0,9%, aunque los incrementos más notorios se concentraron en rubros puntuales como energía y servicios. En contraste, categorías como alimentos y atención médica mostraron una leve desaceleración frente a meses anteriores, pero todavía se mantienen en niveles elevados en comparación interanual.
En términos anuales, los precios acumulan un aumento del 3,3% respecto al mismo mes de 2025, de acuerdo con datos del BLS. Esto explica por qué, aun cuando algunos productos, como la carne, registran bajas recientes, continúan siendo costosos y de acceso limitado para buena parte de la población.
Los precios de alimentos: están en baja pero siguen caros
Según el reporte que publicó el BLS sobre marzo, la categoría de alimentos registró una baja del 0,2% tras el leve aumento de 0,4% en febrero. Dentro de la canasta, productos como cereales y carnes mostraron una caída mensual del 0,6%, lo que indica una desaceleración en el corto plazo.
Sin embargo, esta baja no implica un alivio real en el consumo. Según un informe de CBS News, los precios de los alimentos siguen siendo más altos que hace un año, con una suba interanual del 2,7%. En el caso de la carne, la diferencia es aún mayor, con un aumento del 5,6% respecto a 2025.
A esto se suma que en el mercado, la carne ya acumula subas de hasta el 16% interanual en algunos cortes y podría aumentar entre un 10% y un 18% durante 2026, impulsada por la menor oferta de ganado y el aumento de los costos de producción.
Esto se traduce en un cambio en los hábitos de consumo aunque los precios muestren bajas mensuales, se compra menos cantidad de carne, pero se gasta más dinero.











