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Científicos de la Universidad de Göttingen descubrieron que el núcleo de la Tierra filtra metales preciosos incluyendo oro y rutenio— hacia el manto y, eventualmente, hacia la superficie.

El hallazgo, publicado en Nature, se basa en el análisis isotópico de lavas volcánicas de Hawái, donde detectaron concentraciones anómalas del isótopo 100Ru que solo pueden explicarse por una contribución directa del núcleo terrestre. Es el primer indicio geoquímico concluyente de que ambas capas no están completamente aisladas.

El estudio fue liderado por el doctor Nils Messling y el profesor Matthias Willbold, del Departamento de Geoquímica e Isotopología de Göttingen. Para identificar estas diferencias —extremadamente pequeñas en términos isotópicos— el equipo desarrolló nuevas técnicas analíticas que superan la precisión de los métodos anteriores. La clave estuvo en medir variaciones en el isótopo 100Ru, un metal del grupo del platino concentrado en el núcleo metálico de la Tierra y casi ausente en el manto rocoso.

Mapa interactivo del descubrimiento

Viaje del oro del núcleo a Hawái Sección transversal de la Tierra mostrando cómo el rutenio viaja del núcleo a Hawái Diagrama interactivo con capas terrestres, pluma mantélica recta y volcán perpendicular a la superficie Corteza Manto superior Manto inferior Núcleo externo Núcleo interno Pluma mantélica Tocá cada capa para explorarla ~30 km ~660 km ~2.900 km ~5.150 km
0°C
5.400°C ~20°C

¿Cómo viaja el oro del núcleo a Hawái?

Tocá cualquier capa de la Tierra para ver su temperatura y su rol en el descubrimiento. La flecha amarilla es la pluma mantélica: el canal por donde el material del núcleo asciende hasta el volcán.

Fuente: Nils Messling et al., "Ru and W isotope systematics in ocean island basalts reveals core leakage", Nature (2025). DOI: 10.1038/s41586-025-09003-0

¿Cómo se sabe que el oro del centro de la Tierra llega a la superficie?

El núcleo terrestre, ubicado a más de 3.000 kilómetros de profundidad, concentra más del 99,999% de las reservas de metales preciosos del planeta: oro, platino, iridio y rutenio quedaron atrapados allí cuando la Tierra se formó hace 4.500 millones de años. Hasta ahora, se asumía que esa frontera entre el núcleo y el manto era prácticamente impenetrable.

Lo que los investigadores encontraron en las lavas de Hawái rompe esa suposición. Las rocas volcánicas analizadas presentan niveles de 100Ru más altos que los del manto ambiente, y esa anomalía isotópica coincide con proporciones específicas de tungsteno (182W) que también apuntan al núcleo como fuente.

Los modelos geoquímicos del estudio indican que basta con que menos del 0,25% del material en las fuentes del manto provenga del núcleo para generar las señales observadas. Ese porcentaje, aplicado a las dimensiones planetarias, equivale a cientos de cuatrillones de toneladas métricas de roca.

¿Por qué Hawái y no otro lugar?

Las islas de Hawái se forman sobre una pluma mantélica profunda que, según el estudio, se origina precisamente en la frontera núcleo-manto. Eso convierte a sus lavas en una ventana directa hacia ese límite extremo del planeta.

El núcleo terrestre, ubicado a más de 3.000 kilómetros de profundidad, concentra más del 99,999% de las reservas de metales preciosos del planeta. Fuente: archivo.

¿Qué significa este descubrimiento sobre el oro del núcleo terrestre?

El hallazgo redefine la visión del interior del planeta en dos sentidos concretos. Primero, demuestra que el núcleo no está completamente aislado del manto: existe una transferencia real de material entre ambas capas, impulsada por enormes columnas de roca sobrecalentada que ascienden desde esa frontera.

Segundo, sugiere que parte del oro y otros metales preciosos que hoy se usan en energía renovable, electrónica y joyería podría tener origen, en última instancia, en el núcleo terrestre.

Lo que aún no está resuelto es si este proceso de filtración ha operado de forma continua a lo largo de la historia geológica de la Tierra o si se trata de un fenómeno más puntual. Los autores del estudio reconocen que esa pregunta permanece abierta y señalan que sus resultados abren una nueva línea de investigación sobre la evolución dinámica del planeta. Por ahora, la certeza es una: el centro de la Tierra no es una caja sellada y el oro que contiene no está del todo quieto.