

Un equipo científico halló más de 200.000 barriles de residuos radiactivos corroídos en el fondo del océano Atlántico, a 15.400 pies de profundidad. La expedición confirmó que varios de estos contenedores liberaron material radiactivo directamente sobre el sedimento marino.
La misión, liderada por el Centro Nacional francés de Investigación Científica (CNRS), se desarrolló entre el 27 de mayo y el 28 de junio de 2026 a bordo del buque Pourquoi Pas?. Los barriles fueron arrojados al mar entre las décadas de 1950 y 1990.
¿Qué encontraron los científicos en los barriles radiactivos del Atlántico?
Con el sumergible tripulado Nautile, unos 30 científicos realizaron 20 inmersiones para inspeccionar de cerca los contenedores por primera vez en décadas. Varios estaban tan deteriorados que su contenido se había derramado sobre el barro que los rodea.
Las mediciones detectaron niveles de radionúclidos —átomos inestables que emiten radiación al descomponerse— por encima de lo normal en la zona. Entre ellos se identificaron:
Isótopos detectados en el fondo marino
- Cobalto-60 y niobio-94: producidos casi exclusivamente en instalaciones nucleares, la señal más clara de que provienen de los barriles.
- Cesio-137 y americio-241: también registrados, aunque su origen es más difícil de confirmar porque pueden provenir de pruebas nucleares o accidentes previos.

¿Cómo afecta este hallazgo al océano y qué sigue ahora?
Alrededor de los barriles ya creció vida marina: anémonas, esponjas y cangrejos colonizaron los contenedores, la única superficie firme en un fondo dominado por barro blando. Todavía no se sabe si estos organismos absorbieron material radiactivo.
Para averiguarlo, el equipo recolectó muestras de sedimento, agua, organismos y microbios cerca de los barriles, además de un grupo de comparación en zonas rocosas naturales. Los resultados de laboratorio, que definirán el alcance real de la fuga, estarán disponibles en los próximos meses.












