Coronavirus

Pymes: cuánto cuesta implementar un protocolo en la empresa

Levantar la persiana en pandemia no es gratis. Desde el alcohol en gel, pasando por los barbijos, termómetros y hasta viáticos para trasladar al personal. Cuál es la inversión que debe hacer una pyme para convivir con el Covid-19 sin dejar de trabajar

Nueva normalidad. La frase surgió como el faro hacia donde todos quieren navegar. En las aguas tormentosas del Covid 19, sin embargo, el bote salvavidas también puede naufragar. Los protocolos que deben cumplir las actividades autorizadas suman inversiones y restan ganancias. No hay margen para el error: un mal cálculo puede significar quedarse fuera del negocio en un año que se pronostica casi tan complicado como 2020.

El 20 de marzo del año pasado el presidente Alberto Fernández anunció el "aislamiento preventivo obligatorio" para todo el país. La cuarentena prohibió todas las actividades productivas y comerciales consideradas "no esenciales". Quedaron fuera del decreto algunos pocos rubros, entre ellos la salud, el transporte público, las ferreterías y la venta de alimentos y artículos de limpieza.

Al primer mensaje le siguieron otras cadenas nacionales que fueron autorizando parcialmente actividades. Entre mayo y junio se autorizaron las industrias de distintos rubros; en junio los comercios minoristas no esenciales; en julio pudieron abrir las peluquerías, los lavaderos de autos y los paseadores de perros; entre octubre y noviembre a los bares, restaurantes y shoppings. En noviembre abrieron las escuelas. Cada apertura generó un protocolo diferente y para levantar la persiana hubo que salir a comprar insumos e infraestructura rápidamente.

"Hubo una gran euforia inicial. Comercios que habían estado cerrados por dos meses hicieron una gran inversión para poder abrir. Luego en algunos rubros, como las zapaterías y la indumentaria, los niveles de ventas no acompañaron", advierte Elizabet Piacentini, titular de Mujeres Empresarias de la Federación de Comercio de Buenos Aires (FECOBA) y vicepresidenta del Centro de Comerciantes de Villa del Parque.

El apuro por abrir favoreció los sobreprecios. "En mayo los detectores de temperatura se llegaron a pagar hasta $ 18.000, hoy por $ 6000 se consiguen y de muy buena calidad. Lo mismo pasó con las alfombras sanitizantes y los tótems. Al principio muchos insumos eran importados. Hoy hay más variedad y de fabricación nacional", explica Piacentini.

Cambiar el aire

Lo primero en lo que Diego Calzone, dueño de una franquicia de Café Martínez en Villa del Parque, invirtió fue en contratar a un Licenciado en Seguridad e Higiene para que realizara el informe de ventilación/hora de su local, requisito para que el Gobierno porteño le diera la autorización y el "aforo", cantidad de mesas que pueden usarse. La ecuación le dio 10 ventilaciones por hora lo que le permite tener un 30% de ocupación. A salón lleno, el protocolo de distanciamiento, se lleva el 70% de facturación. El informe técnico costó $ 9000 más IVA.

"A eso agregamos dos dispensers de alcohol de pie ($ 12.000), individuales con alcohol en gel en cada mesa ($ 2000), barbijos para el personal, que reponemos cada mes, QR para que los clientes lean la carta en su celular y vinilos para la señalización ($ 1000)", agrega Calzone.

Karina Fernández, del restorán Puerto Cristal, en Puerto Madero, factura el 25% de sus mesas disponibles, para cumplir con la distancia de 2 metros entre las mesas exigida por el GCBA. También invirtió en un sistema de carta virtual, escaneada con QR, tótems de alcohol de pie y en plastificar las mesas para una mejor higiene. La cuenta sumó cerca de $ 300 mil en octubre, cuando les permitieron abrir. "Los clientes saben que pueden sentarse a comer tranquilos, cuidamos al personal y entre facturar al 25% y cero, siempre es mejor el 25%", admite Fernández.

Noche prohibida

"Los kioscos estuvimos siempre abiertos y justamente por eso fuimos los primeros en implementar protocolos. Es un comercio en el que los clientes tocan mucho la mercadería, por eso muchos pusieron barreras para atender. Instalaron mamparas de acrílico en algunos casos, en otros modificaron las puertas de los locales para poder atender a través de una pequeña ventana", explica Lidia Castelar López, tesorera de la Unión Kiosqueros de la República Argentina (UKRA).

Como en muchos otros rubros, la inversión se hizo aún con menos ingresos por facturación. "Las primeras restricciones a la circulación hicieron que bajaran mucho las ventas en los kioscos, sobre todo en los que trabajan cerca de paradas de colectivos o en avenidas de alto tránsito", agrega la dirigente. Según un informe realizado por la UKRA, los kioscos facturan un 30% de lo que vendían antes de la cuarentena. "Solo se mantuvo estable la venta de cigarrillos, que es justamente el artículo con menos margen (un 3%). Con la temporada repuntó la venta de bebidas y helados", apunta.

Ahora, la restricción nocturna los vuelve a poner en aprietos. "En los kioscos 24 horas es un turno completo de personal que no puede trabajar y al que hay que pagarle el sueldo. Hay zonas, como en la Costa, en que el horario pico empieza a las 19 horas, cuando la gente vuelve de la playa. Cerrar a la 1, implica perderse una gran parte del día", asegura Castelar López.

Los heladeros se preocuparon cuando se hablaba de una veda nocturna cercana a las 23. "El helado es lo último que se consume, cerrar a la 1 nos da la posibilidad de que la gente termine de cenar y pase por la heladería. Los hábitos cambiaron y la gente pide más delivery. El helado tiene la ventaja de comerse rápido y casi siempre en el exterior", asegura Gabriel Fama, presidente de la Asociación Fabricantes de Helados Artesanales (AFADHYA) y dueño de la Heladería Cadore.

Déficit productivo

La industria de la moda fue de las que más sufrió las fases de aislamiento. "Los diseñadores de autor invirtieron en los protocolos para sus espacios, conservaron el criterio de cita previa, aún cuando sus actividades se redujeron por la restricción a fiestas y reuniones y por la suspensión de salones y presentaciones en el exterior", apunta Patricia Torres, de la consultora especializada en Pymes Patt Planner.

Los protocolos dejan una huella en la capacidad productiva. De acuerdo a un informe del Observatorio Pyme, el 38% de las pymes industriales no pudieron satisfacer de manera inmediata la demanda de sus clientes. "Nosotros venimos trabajando con el sistema de burbujas y ante un caso de Covid positivo se cierra el sector y se hisopa al personal. Eso interrumpe el circuito. Por ejemplo, si se cierra el área de Corte, las prendas no pueden ir a confección ni a planchado y las entregas se atrasan", cuenta Beatriz Volosin, co fundadora de Medias Mora. Apenas los autorizaron a producir, contrataron un micro para que los operarios no usen el transporte público. "Es suficientemente amplio como para que puedan sentarse de a uno e intercalados, también hicimos un test general de anticuerpos, medimos la fiebre antes de entrar y sanitizamos todo en cada turno".

Una densinfección COVID, obligatoria luego de un caso positivo ronda los $ 5000. Contratar un colectivo para pasar a buscar al personal cuesta un promedio de $ 8000 diarios, de acuerdo a la zona. Las alfombras sanitizantes arrancan en $ 1500 y los medidores de temperatura corporal, en $ 5000. Una cabina sanitizante básica se consigue desde $ 13.000, pero las más sofisticadas superan los $ 100.000. Un recirculador de aire para espacios cerrados cuesta cerca de $ 55.000, para instalarlo hay que sumarle otros $ 9000. Poner una mampara acrílica en el mostrador, $ 3500.

Miguel Saccone, de Academias Fusión, invirtió cerca de $ 70.000 para reacondicionar una de sus escuelas artísticas para dictar clases y transformar una parte en sala de ensayo. "Antes de que comenzara la cuarentena tenía tres sedes. Cerré dos, retomé una actividad de diseño de packaging que tenía hace años y combiné todo en un solo edificio en La Paternal. Sigo dando clases de música virtuales y presenciales individuales, pero por los criterios de distancia las clases grupales que eran de 15 alumnos hoy no pueden ser de más de cuatro y no dan los costos. Entonces transformé una de las aulas grandes en sala de ensayo. Coloqué un recirculador de aire y puedo alquilarlo a bandas de hasta cuatro personas, todas con barbijos y separados. También señalicé y compré un termómetro infrarrojo", detalla.

Mónica Camarero, directora General del colegio primario CREA y del jardín Con - Vivencias de Villa Devoto recibió a sus alumnos en noviembre, con los protocolos exigidos por el Gobierno de la Ciudad. "Fue un año muy duro, sobre todo en el nivel inicial. De las 170 familias que teníamos en las salas no obligatorias (1, 2 y 3 años) se bajaron 63, lo que significó un cimbronazo grande sobre todo para sostener los sueldos docentes", cuenta. Aún así, invirtió en todo lo necesario para implementar las "burbujas educativas". Compró dos tótems de alcohol 70/30; una alfombra sanitizante recargable con amonio cuaternario, cintas de vinilo para marcar 10 cuadrados de 2x2 para cada aula burbuja y, como se instalaron en el patio, varios metros de media sombra para que no pegara tanto el sol. No recuerda año tan terrible como 2020 en los 22 que cumple la institución. "Pasamos 2001, pero como fue en diciembre pudimos equilibrar la matricula con los docentes. Ahora, con la inversión ya hecha esperamos encarar un 2021 lo más normal posible", agrega.

¿Positivo o negativo?

Los gastos no solo se van en equipamiento e insumos. Un empleado Covid positivo obliga a aislar un sector, cubrir un turno y muchas veces a asumir el costo de testeos privados, más rápidos que los de las obras sociales.

El Covid 19 está contemplado en la Ley de Riesgos de Trabajo. Entonces, como en cualquier otra enfermedad laboral, el pago de los primeros diez días de licencia corre por cuenta del empleador. A partir del día 11, se hace cargo la ART. El promedio de licencia por Covid es de 15 a 20 días para el infectado y de 10 para los contactos cercanos asintomáticos.

Casi siempre el caso cero da aviso con el resultado de un test ya realizado, pero ¿qué pasa con sus compañeros de burbuja? "La ART interviene con los positivos y, en la práctica, las obras sociales termina indicando aislamiento y monitoreo de síntomas, pero es muy difícil controlar la incertidumbre. Sobre todo en una Pyme en el que existe otra cercanía entre los empleados y el dueño. Y, la mayoría de las veces, las empresas terminan haciéndose cargo de los tests", aclara Elizabet Piacentini, de FECOBA.

El costo de un hisopado de resultado en 24 horas, promedia los $ 5.000. Muchas empresas eligen hacer testeos de anticuerpos periódicos a todo el personal. Cada uno cuesta entre $ 1900 y $ 2500.

Precios

Termómetro digital: desde $5000

Dispenser alcohol de pie: $ 6000

Dispenser alcohol individual: $ 150

Alfombra sanitizante: desde $ 1500

Cabina sanitizante: desde $ 13.000

Mampara mostrador: desde $ 3500

Señales de vinilo: $ 1000

Informe técnico de Seguridad e Higiene: $ 9000

Recirculador de aire: $ 55.000 + $ 9000 de instalación

Barbijos por 10 con logo: $ 500

Micro para el personal: $ 8000 diarios

Bidón 5 lts alcohol: $ 900

Bidón 5 lts amonio cuaternario: $ 700

*Estimados al 27/01/2021

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