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Hay empresas que entran en concurso preventivo para atravesar una crisis y salir de ella unos años después. Y hay otras para las que el concurso termina convirtiéndose en parte de su propia historia. Supermercados Toledo lleva casi 20 años bajo ese paradigma.
En ese tiempo, para la cadena marplatense hubo acuerdos con acreedores, cambios en el negocio, ventas de activos y distintas etapas de una crisis que, lejos de cerrarse, vuelve a poner a la compañía ante la necesidad de definir cómo seguir.
El último capítulo empezó a escribirse en agosto, cuando la cadena llegó nuevamente a la Justicia para pedir autorización para vender parte de su patrimonio. Necesitaba liquidez para sostener el funcionamiento cotidiano y, al mismo tiempo, preservar el valor de una empresa que todavía emplea a unas 1500 personas.
En aquella presentación apareció por primera vez una posibilidad que hasta entonces no estaba formalmente expuesta: Toledo mantenía conversaciones con dos importantes cadenas de supermercados para una eventual venta de toda la compañía o el alquiler de su fondo de comercio.
Desde entonces, parte de ese patrimonio ya se convirtió en efectivo. Los inmuebles de Estrada y avenida Libertad fueron vendidos y el dinero empezó a recorrer el circuito que la empresa había planteado ante la jueza: pagar salarios, atender cheques, cancelar deuda bancaria y mantener abiertos los locales. Pero el alivio que consiguió con esas operaciones fue, por ahora, solo eso: un alivio.
La propia Toledo lo admite en una de sus últimas presentaciones judiciales. El flujo de fondos que había presentado para justificar la necesidad de liquidez mostraba un déficit operativo semestral de $ 6594 millones.
Incluso después de incorporar los ingresos extraordinarios de las ventas, estimados en $ 6750 millones, el resultado seguía siendo negativo en $ 2287 millones. La compañía aclara que esa proyección no garantiza solvencia y que las ventas no solucionan por sí solas la crisis.
Es la paradoja en la que quedó atrapada la cadena: necesita vender para seguir funcionando, pero necesita seguir funcionando para no perder el valor que todavía conserva.
En agosto, la empresa había advertido que una paralización podía hacer fracasar las negociaciones con potenciales interesados y provocar una pérdida sustancial de valor.
El patrimonio convertido en oxígeno
El expediente permite ahora seguir el recorrido de ese dinero, algo que no estaba contado en la primera etapa de la historia.
Por la venta del inmueble de Estrada, Toledo recibió u$s 1,5 millones. La compañía informó que u$s 1,398 millones fueron depositados en una cuenta propia, mientras otros u$s 102.000 quedaron retenidos para obligaciones fiscales y municipales. Posteriormente, informó conversiones de moneda y distintos pagos, entre ellos $ 1955,5 millones destinados a salarios.
La operación de avenida Libertad aportó otros u$s 3,85 millones. Una vez descontadas las retenciones y otros conceptos vinculados con la operación, Toledo informó ingresos por u$s 3,416 millones. El dinero fue distribuido entre distintas cuentas bancarias y utilizado para pagar cheques propios, cancelar un descubierto y atender pagos a proveedores. El saldo de u$s 1,336 millones que quedaba al 29 de septiembre fue destinado al pago de sueldos el 6 de octubre.
La utilización de esos fondos no quedó librada solamente a la explicación de la empresa. La sindicatura pidió que Toledo acreditara documentalmente qué había hecho con el dinero y luego incorporó al expediente la escritura, comprobantes bancarios y documentación de las operaciones.
El problema es que convertir patrimonio en liquidez resuelve una urgencia, pero no necesariamente cambia la ecuación de un negocio que necesita caja todos los meses.
Y ahí aparece otro indicador que ayuda a entender la magnitud de la presión: la Central de Deudores del Banco Central registra 1368 cheques rechazados por falta de fondos por $ 14.152 millones.
En agosto, la compañía decía que debía afrontar alrededor de $ 1300 millones semanales en cheques, además de los salarios y otros compromisos indispensables para mantener el giro comercial.
Una pelea que vuelve al expediente
La crisis financiera también volvió a abrir un frente laboral. El Sindicato de Empleados de Comercio Zona Atlántica (Secza) llevó al concurso una serie de reclamos que exceden el pago de los sueldos: pidió información sobre aportes y contribuciones, obra social y medicina prepaga, una estimación del pasivo laboral y un seguimiento periódico de la evolución de la empresa.
Secza también pidió que la Justicia convoque a una audiencia para discutir la situación de los trabajadores y las medidas necesarias para preservar la continuidad de la empresa y los puestos de trabajo.
Toledo acumula 1368 cheques rechazados por falta de fondos, por un total de $ 14.152 millones, según el Banco Central
Toledo respondió que los planteos debían analizarse teniendo en cuenta lo ocurrido después de la presentación sindical. La empresa sostuvo que los salarios fueron pagados y que las ventas y la aplicación de sus fondos quedaron documentadas. También cuestionó que Secza pretenda convertirse en una suerte de controlador permanente de las decisiones de la compañía.
La discusión terminó llevando a todos nuevamente a una misma mesa. La jueza fijó para el 21 de diciembre una audiencia a la que deberán concurrir la empresa, la sindicatura y el sindicato.
20 años después, el futuro vuelve a estar en discusión
El concurso de Toledo se abrió en agosto de 2006. Dos décadas después, la empresa continúa en etapa de cumplimiento del acuerdo homologado. La propia resolución judicial explica que, aunque el concurso haya sido formalmente concluido, el cumplimiento del acuerdo puede extenderse durante años y que en ese período el juez conserva facultades para autorizar operaciones sobre los bienes de la compañía.
Es una de las particularidades de esta historia: Toledo no está atravesando su primera crisis ni su primer intento de encontrar una salida. El concurso se convirtió en una suerte de telón de fondo permanente de la empresa y, casi 20 años después, la Justicia sigue interviniendo en decisiones que afectan directamente su patrimonio y su continuidad.
Ahora, además, hay una posibilidad que podría cambiar definitivamente ese recorrido.
Las conversaciones con las dos cadenas de supermercados que Toledo había revelado en agosto continúan formando parte de las alternativas.
Pero los nuevos escritos aportan una precisión importante: no existe todavía un plan cerrado ni financiación comprometida. La empresa pide distinguir entre conversaciones preliminares, ofertas y compromisos vinculantes y deja claro que ninguna operación de mayor alcance fue presentada todavía ante el juzgado.
En otras palabras, Toledo ganó tiempo, pero todavía no encontró una salida. Vendió activos para sostener la operación, convirtió parte de su patrimonio en salarios y capital de trabajo y logró atravesar una etapa de fuerte tensión. Pero los números muestran que el oxígeno tiene un límite.