

Dentro de las bandejas de carne que compramos ya cortadas en el supermercado, suele aparecer una pequeña almohadilla blanca que muchas personas descartan sin saber exactamente para qué sirve.
Lejos de ser un simple relleno, cumplen una función concreta relacionada con la conservación del producto. Según detalla Mercadona, están hechas de celulosa y se encargan de absorber el jugo que suelta la carne de forma natural, ayudando a que el producto se mantenga en mejores condiciones hasta su consumo.
Su presencia no tiene nada que ver con la calidad de la carne ni con supuestas inyecciones de agua, mitos comunes que circulan entre los consumidores, sino con una característica propia de los tejidos musculares, que siempre contienen cierta cantidad de líquido.

Para qué sirve realmente la almohadilla ubicada en las bandejas de carne
La función principal de la almohadilla es absorber el líquido que desprenden naturalmente las carnes, aves y pescados con el paso del tiempo, evitando que se acumule dentro del envase. Esto ayuda a mantener más limpia la zona donde se manipulan los alimentos, pero también cumple un rol vital en la seguridad alimentaria.
Ese líquido puede contener bacterias activas, por lo que retenerlo dentro de la almohadilla reduce el riesgo de que se propaguen hacia otras superficies o incluso hacia la propia carne antes de cocinarla.
¿De qué material está hecha la almohadilla?
La mayoría de estas almohadillas se fabrican con celulosa o con gel de sílice, dos materiales con una capacidad de absorción mucho mayor de lo que parece a simple vista. Están recubiertas por una fina capa de plástico perforado que permite que el líquido pase a su interior sin filtrarse hacia afuera.
Todos los materiales que forman parte del empaque de carnes y aves pasan por controles estrictos antes de poder entrar en contacto con los alimentos, lo que garantiza que su uso resulte seguro para el consumidor.

Qué hacer si se cocina por accidente junto a la carne
Aunque son aptas para estar en contacto con los alimentos, estas almohadillas no son comestibles. Si por accidente se cocinan junto con la carne, lo recomendable es descartar el producto, salvo que la almohadilla se mantenga intacta, sin derretirse ni romperse durante la cocción.
En cuanto a las bacterias que pudiera contener, el calor de la cocción las elimina de la misma manera en que elimina las presentes en la carne cruda, por lo que no representan un riesgo adicional si el proceso de cocción fue el adecuado.
Ninguno de los materiales utilizados en estas almohadillas es digerible, por lo que una pequeña porción ingerida por accidente pasaría por el organismo sin descomponerse. Aunque no se recomienda consumirlas de forma deliberada, una cantidad mínima no debería generar ningún malestar.












