Costa Atlántica

Guerra de churros: El Topo invierte $ 10 millones en Mar del Plata y competirá con Manolo

Abrió su nuevo local a pocos metros de Torreón del Monje en agosto pasado. Apuestan por darse a conocer con la venta ambulante y su variedad de sabores.

Las playas de Mar del Plata tendrán una novedad durante la próxima temporada de verano. La fábrica de churros El Topo, fundada en Villa Gesell hace más de cinco décadas, abrió su primer local en el balneario más popular del país en agosto pasado. El primer mes de ventas, aseguran, fue positivo y apuestan por su ya clásica variedad de sabores para morderle clientes a Manolo, un player de peso en el territorio marplatense.

"Lo tomé como un reto y me pareció que estaba bueno llevar nuestros churros a Mar del Plata que era una ciudad en la que no nos conocían tanto. Es positivo agrandar la oferta", comenta Agustina Sacco, miembro de la tercera generación de la familia fundadora y encargada del proyecto.

Su madre, Karina Navarro, es hija de Hugo, quien junto a Juan Carlos Elia abrieron la primera sucursal de El Topo en 1967. "Empecé como casi todos en el local de (Villa) Gesell, después mi madre abrió en Pinamar y nos fuimos ahí", recuerda. Agustina y su hermano, Emmanuel, aprendieron el oficio y la tradición familiar marca que cada uno tiene que elegir el lugar donde quiere abrir su propia churrería. Emmanuel hizo lo suyo en Bariloche, en noviembre del año pasado; mientras que Agustina, de 27 años, se la jugó por mudarse a Mar del Plata.

Estilo marplatense

Después de un año de búsqueda encontró un local estilo chalet de 180m2 sobre Güemes, entre Almirante Brown y avenida Colón. "Que fuera una casa chalet al estilo marplatense nos parecía buena idea para que tenga que ver con el lugar dado que la marca no es de acá", comenta. Firmó contrato en enero y dos meses después inició la obra que demandó una inversión aproximada de $ 10 millones.

Hugo Navarro y "Cacho" Elia, los fundadores de El Topo en 1967.

Arriba cuentan con un depósito y un espacio para la producción de masa fría que luego se usa para hacer chipa y bolas de fraile. En tanto, en los 90m2 de la planta baja se lleva a cabo la elaboración de churros y la atención al público. Dentro del menú, además de los 30 rellenos de churros, también hay pastelitos, alfajores de maicena, facturas de hojaldre y café para venta al paso. "La primera semana venían mucho a pedir de otros sabores que no fueran los tradicionales, hoy ya se está normalizando", señala Sacco.

El modelo de negocios es distinto del de su competidor. Churros Manolo, fundado por la familia Santurian y de gran furor en los 80, tiene a los churros como estrella de la carta, pero cuenta con una oferta gastronómica más variada. La cadena tiene tres restaurantes y dos tiendas. En estas últimas se centra en el servicio de cafetería y venta de productos dulces, como los churros y alfajores.

Conquistar la playa

Por lo pronto, El Topo apostó a la comunicación orgánica a través de sus redes sociales para promocionar su reciente apertura. "Estamos hace un mes y ya trabajamos al mismo ritmo que un local de Buenos Aires", destaca Sacco. Y, agrega, que el próximo paso será sumar venta ambulante en la playa: "Seguramente sea por la zona porque no nos da la distancia y la producción, pero queremos que la gente se acostumbre a la marca. En Pinamar y Villa Gesell llegamos por la venta ahí".

En 2021 El Topo abrió un "churro-bar" en el que venden cerveza, gin tonic y fernet.

A su vez, la compañía familiar recientemente cortó cinta de un nuevo local de 250 m2 en el barrio porteño de Belgrano, en Juramento entre avenida Cabildo y Ciudad de la Paz. La otra sucursal que tenían en ese barrio la transformarán en una sede exclusiva para productos sin TACC.

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