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Hace unos días me crucé con una estadística sobre Lionel Messi que me pareció una verdadera lección de vida. El mismo día que se convirtió en el máximo goleador histórico de los Mundiales, también se convirtió en el jugador que más penales falló en la historia de esa competencia.

Y me pareció una imagen perfecta. Porque, de alguna manera, resume una verdad que muchas veces nos cuesta aceptar: los grandes logros y los errores no siempre viven en caminos separados. A veces aparecen el mismo día, en el mismo partido y en la misma persona.

Estamos acostumbrados a mirar la parte brillante de la historia. Cuando pensamos en Messi, pensamos en los goles, las copas, los récords, las finales y todas esas imágenes que ya forman parte de la memoria de millones de personas. Pero rara vez nos detenemos a pensar en algo: muchas veces, entre el gol y el penal errado, entre el récord y la crítica, entre quedar en la historia o quedar señalado, hay apenas una diferencia mínima. A veces es un cálculo de centímetros, otras veces es una decisión tomada en segundos, un movimiento del arquero, una pelota que pega en el palo y entra o una pelota que pega en el palo y sale. Y quizás por eso me parece tan interesante esta estadística, porque nos recuerda que el éxito y el error muchas veces están mucho más cerca de lo que creemos.

La gran enseñanza que nos deja el fútbol

Muchas veces creemos que las personas que llegan lejos son las que menos se equivocan. Pensamos que el éxito es una especie de camino limpio, ordenado, prolijo, donde alguien va tomando una decisión correcta detrás de otra hasta llegar al resultado esperado. Pero la realidad suele ser bastante menos instagrameable.

Messi hizo más goles que nadie porque también pateó más veces que casi todos. Y si alguna vez acumuló penales errados, no fue porque evitó la responsabilidad, sino justamente porque la asumió. Porque estuvo ahí. Porque pidió la pelota. Porque se animó a volver a patear incluso después de haber fallado antes.

Después de fallar el penal frente a Austria, el 10 festejó dos golesFLORENCIA ARROYOS/NA

Esa es la parte que más me interesa. No el error en sí mismo, sino lo que una persona hace después.

Mientras veía esa estadística, pensé inevitablemente en mi propio recorrido. Muchas veces, desde afuera, algunas cosas parecen más ordenadas de lo que realmente fueron. Una comunidad que crece, un evento que se llena, una nota publicada, un proyecto que funciona, una decisión que salió bien. Pero detrás de cada resultado que se ve, hay muchas cosas que no se ven.

Hubo ideas que no funcionaron, proyectos que nunca despegaron, lanzamientos que no tuvieron la respuesta que esperaba, reuniones que no terminaron en nada, propuestas rechazadas y decisiones que, mirando hacia atrás, probablemente hoy tomaría de otra manera.

Messi hizo más goles que nadie porque también pateó más veces que casi todos.

Y digo esto porque me parece importante recordarlo.

No para romantizar el error, porque equivocarse muchas veces duele, cuesta dinero, genera frustración y nos obliga a revisar cosas que quizás no queríamos mirar. Pero sí para entender que equivocarse no necesariamente significa estar en el camino equivocado. A veces significa simplemente que estamos en movimiento.

Lo mismo pasa con el dinero

Hay personas que tienen tanto miedo de tomar una mala decisión financiera que no toman ninguna. No invierten porque piensan que pueden perder, no emprenden porque creen que puede salir mal, no preguntan porque sienten vergüenza, no empiezan porque todavía no saben lo suficiente. Y entonces se quedan esperando un momento perfecto que casi nunca llega.

No se trata de tomar riesgos innecesarios ni de improvisar con todo. La educación financiera, de hecho, existe justamente para ayudarnos a tomar mejores decisiones, hacer mejores preguntas y reducir errores evitables.

Pero reducir errores no es lo mismo que pretender eliminarlos por completo.

Y esto aplica a los negocios, a las inversiones, a la carrera profesional y a tantas decisiones importantes que tomamos a lo largo de los años. Muchas personas no fracasan porque hicieron todo mal, sino porque interpretaron un tropiezo como una sentencia definitiva. Se equivocaron una vez y concluyeron que no servían para eso. Perdieron dinero en una inversión y decidieron que invertir no era para ellas. Les fue mal en un proyecto y decidieron no volver a intentarlo.

Como si un resultado pudiera definir toda una capacidad.

Con los años fui entendiendo que hay una diferencia enorme entre perder y aprender. Perder es atravesar una mala experiencia y salir de ella exactamente igual, sin mirar qué pasó, sin revisar qué decisión tomamos, sin transformar esa información en algo útil para el futuro. Aprender, en cambio, es usar lo vivido para tomar una mejor decisión la próxima vez.

Quizás por eso me gustó tanto esa imagen de Messi. La misma persona puede fallar y, aun así, seguir siendo extraordinaria.

Por eso, tal vez, la pregunta no debería ser cómo hacer para no equivocarnos nunca.

La pregunta debería ser qué hacemos con cada equivocación.

Messi anotó dos goles frente a Austria y se convirtió en el máximo goleador en la historia de los MundialesFuente: XinHuaCheng Min

Si la usamos como excusa para abandonar o como información para mejorar. Si la convertimos en miedo o en aprendizaje. Si dejamos que nos achique o si nos ayuda a tomar la próxima decisión con más conciencia.

Al final del día, no gana quien nunca falla. Gana quien sigue intentando después de fallar.