AerCap llega a 100 Dreamliners en entrega a Aeroméxico

Hay entregas de aviones que son rutina y hay entregas que marcan hitos, viajan en primera clase y sirven para medir el pulso de una industria completa. La que acaba de cerrar AerCap con Aeroméxico pertenece a ese tercer grupo. El avión en cuestión es un Boeing 787-9, el vigésimo quinto Dreamliner que la aerolínea mexicana suma a su flota, y el número cien que AerCap recibe de Boeing bajo su propio pedido directo con el fabricante.

Y, en honor al Batallón de San Patricio, que retrata el amor entre irlandeses y mexicanos, ningún otro cliente del arrendador irlandés ha recibido tantos 787 como Aeroméxico a lo largo de esta relación.

Para AerCap, se trata de una relación de lujo. La firma es el mayor propietario de aviones 787 del mundo y su cartera de pedidos y unidades en propiedad ronda las 140 aeronaves, la más grande entre todos los arrendadores. Fue también el primer lessor en recibir un Dreamliner, allá por 2013, así que la marca de las 100 unidades entregadas por Boeing llega 13 años después de aquel primer avión, un plazo que dice mucho sobre cuánto ha crecido el apetito global por este modelo.

Para Aeroméxico, el Dreamliner número 25 es la pieza con la que la aerolínea sostiene su expansión hacia mercados donde el avión de fuselaje angosto ya no alcanza. Con esta familia de aeronaves, Aeroméxico conecta la Ciudad de México con destinos de larga distancia como Buenos Aires y Shanghái, además de Madrid, Seúl y Tokio. El radio de acción creció este año pues desde fines de marzo, Aeroméxico opera seis vuelos semanales entre la capital mexicana y Barcelona con equipos 787 y desde el abril suma tres frecuencias semanales entre Monterrey y París Charles de Gaulle, también con Dreamliner, una ruta que convierte a Monterrey en el segundo hub de largo alcance de la aerolínea después de la capital.

En cuanto al negocio, el 787-9, la variante que recibió Aeroméxico, de acuerdo con listados internacionales, tiene un precio de lista cercano a los u$s 292 millones. Pero ese número es más bien decorativo: en el mercado real, un 787-9 nuevo se valora alrededor de u$s 151 millones de dólares, casi la mitad de su precio de catálogo, y los descuentos que negocian aerolíneas y arrendadores suelen moverse entre 40 y 60 por ciento sobre la lista. Es la razón por la que el negocio de AerCap no es vender aviones a precio de etiqueta, sino comprar en volumen, financiar con escala y arrendar con márgenes que dependen de ese diferencial.

En América Latina, Aeroméxico ya no es una excepción con Dreamliners, pero sigue siendo un caso particular. El otro gran operador de la región es LATAM, que hacia finales de 2024 volaba con 37 aviones 787 entre las versiones 787-8 y 787-9, con un plan para llegar a 52 unidades hacia el final de la década. Eso deja a Aeroméxico como el segundo mayor operador de Dreamliners en Latinoamérica, y el único mexicano con una flota de este tamaño dedicada casi por completo a rutas intercontinentales, mientras LATAM reparte las suyas entre Sudamérica, Norteamérica, el Pacífico y ahora también Asia.

Trafalgar se ‘come’ a Greater Cannabis y se transforma en plataforma financiera

En un movimiento estratégico para consolidar su expansión internacional, Trafalgar Asset Management adquirió el 96.62% del poder de voto de The Greater Cannabis Company, que cotiza en mercados over-the-counter como GCAN La operación marca el nacimiento de Trafalgar International, Inc., vehículo con el que el grupo financiero de origen mexicano busca construir una plataforma de servicios financieros, tecnología e inversión en Estados Unidos y América Latina.

Uno de los puntos clave enfatizados por la compañía es el deslinde categórico del sector del cannabis. Pese al nombre heredado de la emisora, la firma aclaró que no realiza ni ha realizado operaciones, licencias, cultivos o comercialización de productos vinculados a esa industria. La denominación respondía a una etapa corporativa previa ya superada, por lo que la administración decidió cambiar su razón social en Florida y concentrar su enfoque exclusivamente en servicios financieros y fintech.

Como parte del proceso de reestructuración corporativa, la empresa inició formalmente los trámites ante la Autoridad Reguladora de la Industria Financiera de EE.UU. (FINRA) para actualizar su denominación de mercado, el código CUSIP y su clave de cotización. Mientras la autoridad aprueba la asignación del nuevo símbolo bursátil definitivo, la acción continuará cotizando de manera temporal bajo la clave GCAN en el mercado OTCQB.

Cabe mencionar que Empresas Trafalgar recientemente obtuvo autorización de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores para operar como casa de bolsa.

En El Cronista México hemos consignado que el grupo plantea una oferta que combine sus distintas líneas de negocio, como una SOFIPO que aportará soluciones de liquidez, mientras y TRF Casa de Bolsa ofrecerá soluciones patrimoniales. La empresa, fundada hace una década por Porfirio Sánchez Talavera, nombró apenas la semana pasada a Carlos Septién como CEO.

Sánchez Talavera, presidente del Consejo de Administración, destacó que la operación no buscaba adquirir un negocio de cannabis, sino tomar una emisora pública estadounidense al corriente con sus reportes ante la SEC para transformarla en su plataforma de crecimiento regional. Asimismo, el grupo garantizó que ningún activo o cuenta de sus entidades reguladas en México forma parte ni se encuentra expuesto a esta transacción.

Grupo Murano amarra bonistas y redibuja su deuda

El mapa financiero de la hotelería mexicana acaba de esquivar un socavón de u$s 303 millones. Banco Multiva, fiduciario de Murano Global Investments, cerró de forma definitiva la oferta de intercambio de bonos y solicitud de consentimiento de la desarrolladora en el mercado estadounidense, logrando una adhesión del 99.67% de los tenedores.

Se busca que este sea el capítulo final de una operación de rescate con sello propio. Para entender el calado del anuncio hay que retroceder a finales de 2025, cuando la firma fundada por Elías Sacal cayó en un default técnico al tropezar con la facturación y los compromisos financieros de su proyecto insignia en el Caribe, Grand Island Cancún.

Lo que siguió tras bambalinas fue un estira y afloja con el comité Ad-Hoc de acreedores para oxigenar la deuda hasta 2032. La maniobra incluyó una reingeniería operativa de fondo: un divorcio estratégico con Hyatt y el viraje hacia la firma de lujo Ennismore para reconvertir el desarrollo en Mondrian Residences, cuya preventa de más de 300 residencias se contempla para este mes.

Nos cuentan que, al amarrar a la abrumadora mayoría de los bonistas, Murano ejecutó una cláusula suplementaria para eliminar prácticamente todas las restricciones financieras (covenants) del contrato original de 2031 y disolver las garantías inmobiliarias que respaldaban las notas viejas.

¿Qué pasa con el puñado de inversionistas (apenas el 0.33%) que se negó a firmar el acuerdo? Se quedaron prácticamente con las manos vacías. Al cambiar las reglas del juego, sus bonos perdieron la garantía de los inmuebles y cualquier protección legal relevante, dejándolos hasta el final de la fila para cobrar.

Murano, en cambio, se quita la soga del cuello y gana el oxígeno que necesitaba para reanimar sus hoteles en Cancún y la Ciudad de México. Libres de ataduras, salieron del bache.