

La creciente relación comercial entre México y China empieza a revelar un cuello de botella menos visible que los aranceles o las reglas de origen: la operación financiera. Pagos internacionales lentos, conciliaciones manuales y poca visibilidad sobre el flujo de divisas fueron algunos de los temas que dominaron un encuentro realizado la semana pasada en Ciudad de México entre empresarios vinculados al comercio bilateral.
La reunión, organizada por la plataforma de pagos Payoneer y la Cámara China de Comercio y Tecnología México, congregó a 25 directivos y empresarios de compañías importadoras, exportadoras y firmas ligadas al nearshoring. El foco estuvo puesto en cómo la creciente integración comercial entre ambos países está elevando la presión sobre las estructuras financieras de las empresas.
México y China mantienen una de las relaciones comerciales más dinámicas para América Latina. De acuerdo con datos oficiales, el intercambio bilateral alcanzó cerca de u$s 140,000 millones en 2025, impulsado principalmente por importaciones mexicanas de componentes electrónicos, maquinaria, autopartes y bienes intermedios. China es actualmente el segundo socio comercial de México, sólo detrás de Estados Unidos.
Sin embargo, el crecimiento del flujo comercial también ha multiplicado las complejidades operativas. Durante la sesión, especialistas legales y financieros advirtieron que las empresas enfrentan un entorno cada vez más incierto por la próxima revisión del T-MEC, las nuevas políticas industriales impulsadas por el gobierno mexicano y la creciente vigilancia sobre el contenido chino en cadenas de suministro norteamericanas.
Sergio Legorreta, socio de Fisher Broyles LLP, expuso algunos de los principales riesgos regulatorios para empresas que operan entre ambos mercados, particularmente en materia fiscal, propiedad intelectual y cumplimiento comercial.
Por su parte, Nicolás Gatica, country manager de Payoneer en México, señaló que muchas compañías siguen operando con procesos financieros fragmentados que terminan afectando liquidez y capacidad de crecimiento.
“La oportunidad no está sólo en comprar o vender entre China y México, sino en coordinar mejor una cadena comercial cada vez más grande”, comentó durante el encuentro.
El evento también incluyó el caso de Mr. Gadgets, empresa mexicana dedicada a importaciones desde Asia, que explicó cómo ha buscado automatizar pagos y manejo de proveedores para reducir tiempos operativos.
Este encuentro ocurre en un momento particularmente sensible para la relación bilateral. Mientras México busca atraer inversión derivada del nearshoring y fortalecer manufactura local, Estados Unidos ha endurecido el escrutinio sobre cadenas productivas con presencia china. Para muchas empresas mexicanas, la ecuación se parece cada vez más a caminar sobre una cuerda tensa: mantener acceso al ecosistema manufacturero chino sin perder competitividad dentro del mercado norteamericano.










