

La caída de la natalidad en México comienza a modificar uno de los negocios tradicionales de las aseguradoras: el seguro de vida. La Tasa Global de Fecundidad pasó de 1.9 hijos por mujer en 2019 a 1.2 en 2024, muy por debajo del nivel de reemplazo poblacional de 2.1, mientras que la edad mediana de la población aumentó de 29 a 32 años entre 2020 y 2025, de acuerdo con datos del INEGI.
Este cambio demográfico plantea nuevos retos para una industria acostumbrada a vender protección financiera alrededor de la familia, los hijos y el patrimonio.
Ante este escenario, Ricardo Acacio, líder del sector de seguros y pensiones de Capgemini, advirtió que el seguro de vida tendrá que transformarse conforme cambien las necesidades de las nuevas generaciones.
“Se pronostica que para el 2050 hay un estancamiento de crecimiento demográfico”, señaló Acacio, quien sostuvo que el seguro de vida “tiene que cambiar totalmente”.
El reto no está únicamente en que haya menos personas, sino en que las nuevas generaciones tienen otras prioridades financieras.
El modelo tradicional del seguro de vida estaba vinculado con etapas como el matrimonio, la llegada de los hijos, la compra de una vivienda y la construcción de un patrimonio para dejar a los dependientes.
Ahora, ese ciclo de vida está cambiando.
“Yo no voy a tener hijos. Yo no voy a comprar casa. Mejor no compro nada”, ejemplificó Acacio al describir el razonamiento que puede existir entre consumidores jóvenes que ya no ven al seguro de vida como una necesidad inmediata.
Del seguro por fallecimiento a la protección en vida
Ante este escenario, las aseguradoras tendrán que pasar de productos rígidos y de largo plazo a alternativas que puedan adaptarse a diferentes etapas y necesidades financieras.
“Cambiar el seguro de vida por un seguro para vivir”, es la transformación que plantea Acacio, quien considera que ya no existe el mismo espacio para productos tradicionales, costosos y de largo plazo.
La apuesta está en pólizas “flexibles y modulares”, con beneficios que el cliente pueda utilizar mientras está vivo y no únicamente ante su fallecimiento.
“Hoy en día, no hay un seguro de vida que no tenga ligado un ahorro financiero, un beneficio financiero”, afirmó.
Bajo este esquema, el asegurado puede realizar aportaciones durante determinados años y posteriormente disponer de esos recursos. “Lo podré disfrutar a los 65 y lo podré retirar completo”, explicó.
La lógica responde también a una transformación en la economía de los hogares. De acuerdo con el INEGI, el número de ocupantes por vivienda pasó de 3.6 en 2020 a 3.3 en 2025, mientras que una menor cantidad de integrantes permite que el ingreso disponible se distribuya entre menos personas.
Esto significa que el reto para las aseguradoras no será solamente vender protección a familias con dependientes, sino demostrar su utilidad para personas que tienen otras metas financieras y familiares.
Jóvenes consideran contratar, pero abandonan el proceso
El problema para la industria también está en la manera en que se comercializan los seguros. El Informe mundial sobre seguros de vida 2027, elaborado por Capgemini Research Institute y LIMRA a partir de más de 6,100 consumidores, señala que 47% considera comprar una póliza.
Sin embargo, más de 40% de quienes tienen intención de contratar se siente confundido o inseguro durante el proceso y uno de cada cuatro termina abandonándolo.
Entre los consumidores de 18 a 40 años, 54% considera adquirir un seguro de vida, pero 28% desiste. Las principales razones son el lenguaje técnico, señalado por 37%; el costo, por 35%, y la percepción de que el producto no es relevante para su etapa de vida, con 25%.
Para Acacio, simplificar la experiencia será fundamental para acercar estos productos a una generación que no necesariamente identifica al seguro de vida como una prioridad.
La tecnología también comienza a reducir algunas de estas barreras. Con inteligencia artificial, las cotizaciones que anteriormente podían tardar dos o tres días ahora pueden realizarse “en tiempo real”.
Aun así, la digitalización no significa que desaparezca la interacción humana. Aunque 51% de los consumidores planea utilizar inteligencia artificial generativa para investigar sobre seguros, dos terceras partes todavía prefieren recurrir a un asesor humano para tomar la decisión final.
“La ayuda humana de un asesor sigue siendo fundamental”, sostuvo Acacio, particularmente en productos relacionados con vida y salud.
El desafío también está en mantener al cliente después de contratar. Cerca de 40% de los asegurados afirma que rara vez recibe comunicación de su aseguradora y la mitad de las cancelaciones ocurre durante los primeros tres años.
Solo 18% de las compañías cuenta con una estrategia unificada de experiencia del cliente. En contraste, el 10% de las aseguradoras líderes registró 41% más crecimiento de ingresos y 12% menos cancelaciones que sus pares.
En México operan más de 80 aseguradoras y las 15 principales concentran entre 60% y 70% del mercado. Acacio no anticipa una crisis para las compañías por el cambio demográfico, debido al tamaño del mercado mexicano, pero sí una competencia mayor por captar a los nuevos consumidores.
“El que tome las medidas de una manera más rápida podrá acaparar un poco más el mercado”, advirtió.














