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El empleo en junio tuvo un mes complicado, pues los tres indicadores que apuntan a una reducción en la fortaleza del sector laboral del país cerraron el primer semestre con crecimientos.

Los datos del Inegi apuntan a que el empleo generado en el país no alcanza y la mayor parte de los trabajos que ofrece el país son de mala calidad, una espiral que se hizo más grande durante junio de este año.

De acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), la tasa de desempleo se ubicó en 2.9%, lo que representó un incremento de 0.2 puntos porcentuales en relación con el año pasado. Este dato también representó el punto más alto del desempleo desde el inicio del sexenio en octubre de 2024.

A esto se suma un alza en la informalidad laboral, es decir, los empleos que carecen de las prestaciones mínimas de ley, al concluir el semestre en 55%, lo que representa la segunda cifra más alta del sexenio.

Además, otro de los problemas que afecta la calidad del empleo en el país es la proporción del trabajo en condiciones críticas de ocupación.

De acuerdo con el Inegi, este tipo de empleos corresponde a la población ocupada que trabaja menos de 35 horas por razones de mercado, la que labora más de 35 horas a la semana con ingresos inferiores al salario mínimo, o más de 48 horas ganando hasta dos salarios mínimos.

En este sentido, el documento Observatorio del Trabajo DIgno detalla que seis de cada 10 mexicanos que cuentan con un trabajo carecen de seguridad social.

A esto se suma que más de la mitad de la población no cuenta con ingresos suficientes.

Factores que impulsan el empleo en condiciones críticas

La Asociación Civil Acción Ciudadana Frente a la Pobreza señala que existen tres factores principales que fomentan el empleo en condiciones críticas.

El primero de ellos es la exclusión. Este factor agrupa dos indicadores: el desempleo completo, es decir, personas que buscan activamente empleo o no tienen impedimentos para trabajar y personas no disponibles para trabajar por realizar labores de cuidado en su hogar, sin remuneración.

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En este apartado, en México hay 21.7 millones de personas. 6.4 millones en desempleo “completo”, pues incluye a personas desocupadas y también a las disponibles.

La exclusión laboral concentra principalmente a mujeres y jóvenes: 13.6% las mujeres, 15% jóvenes de 15 a 29 años de edad.

En condición de exclusión también hay que contabilizar, 15.2 millones de personas excluidas por labores de cuidado, de las cuales 14.3 millones son mujeres. Del total de personas en exclusión, no disponibles por realizar labores de cuidado en su hogar, el 94% son mujeres.

En segundo término afecta la precariedad. En el país 6 de cada 10 personas que trabajan lo hacen sin acceso al seguro social (61%), es decir, 35.9 millones de personas que carecen de este derecho, lo cual representa una de las expresiones más claras de la precariedad laboral y el peso de la informalidad, pues de ellas 32.6 millones tienen trabajos informales.

Un segundo factor de precariedad es la suficiencia de ingresos. En materia salarial, la ENOE señala que de 59.6 millones de personas que trabajan, solo 40 millones declaran un ingreso mayor a cero.

De ellas, 19.3 millones (48%) carece de ingreso suficiente para adquirir el equivalente a dos canastas básicas.

El Observatorio de Trabajo Digno señala que de nueva cuenta las mujeres y jóvenes tienen una participación desproporcionada en salarios de pobreza: 60% mujeres y 54% jóvenes, sin ingreso suficiente.

Finalmente, está el factor de la indefensión. Los datos del Inegi presentan que en el país hay 39.3 millones de personas con trabajo asalariado y subordinado, pero 33.2 millones (86%) carecen de representación sindical para la negociación colectiva.

Las personas jóvenes con empleo están aún más desprotegidas: 93%. Además, casi la mitad, 18.6 millones de personas con empleo trabajan sin contrato estable (48%). Nuevamente, las personas jóvenes están aún más indefensas: 60%.