

En esta noticia
Este año, la reconfiguración industrial sostuvo al nearshoring en Norteamérica, manteniendo la inversión y las cadenas productivas pese a la volatilidad política, afirmó Alejandro H. Garza Salazar, director de inversiones y fundador de Aztlan Equity Management.
El especialista destacó que sectores como manufactura, logística, semiconductores y centros de datos fueron clave para consolidar la competitividad regional.
“En los negocios y en las inversiones, más allá del ciclo político, lo que finalmente gobierna es la lógica industrial y comercial”, señaló.
El fenómeno del nearshoring evolucionó desde su origen, cuando en 1997 la firma mexicana Softtek acuñó el término para describir la relocalización de servicios desde India hacia México.
A partir de 2017, con tensiones comerciales y la pandemia, se aceleró la reorganización industrial en Norteamérica, destacando sectores de alta tecnología y centros de datos estratégicos que sostienen la producción y el flujo de información.
La inversión sigue la nueva arquitectura industrial
A lo largo de 2026, Garza Salazar explicó que la volatilidad política no se ha traducido en un deterioro estructural del nearshoring.
“La pregunta relevante no es si hay incertidumbre política, sino si eso implica una caída estructural en la inversión o en la viabilidad económica del nearshoring. En mi experiencia, la respuesta es clara: no”, afirmó.
Desde la perspectiva corporativa, el directivo planteó que las empresas estadounidenses privilegiaron proveedores eficientes en México y Canadá frente a cadenas de suministro más largas y expuestas a tensiones geopolíticas.
“¿Qué prefieren las corporaciones estadounidenses para maximizar utilidades y reducir riesgos: proveedores eficientes en la frontera con México y Canadá, o cadenas de suministro del otro lado del mundo, expuestas a tensiones geopolíticas crecientes?”, cuestionó.
Esa lógica, sostuvo, fue la que mantiene vigente al nearshoring en 2026. “Esa es, en esencia, la lógica que sostiene al nearshoring”, puntualizó.
La experiencia de Aztlan Equity Management reflejó esta tendencia.
Su ETF temático de nearshoring, listado en la Bolsa de Nueva York bajo el ticker NRSH, acumuló una plusvalía cercana al 12% en dólares durante las primeras dos semanas de enero de 2026, frente a un avance de apenas 1% del S&P 500, aun en un entorno de elevada volatilidad.
El índice que replicó este instrumento estuvo integrado en 93% por empresas estadounidenses, mientras que el resto se distribuyó entre Canadá y México, lo que reflejó el papel dominante de Estados Unidos como eje de la relocalización productiva regional.
Sectores estratégicos impulsan el crecimiento
La definición sectorial del nearshoring se amplió de manera significativa. A los parques industriales, transporte y logística se incorporaron industrias habilitadoras como ciberseguridad, defensa, semiconductores, robótica, aeronáutica y, sobre todo, centros de datos, sectores con alto potencial de crecimiento derivados de la reconfiguración industrial de Norteamérica.
Estos últimos son clave, ya que sostienen tanto la producción como el flujo de información de las corporaciones, consolidando la competitividad regional.
Los datos macroeconómicos respaldaron esta visión. En 2025, la Inversión Extranjera Directa (IED) en México alcanzó un récord cercano a u$s 41,000 millones, 14% por encima de 2024, consolidando al país como el principal socio comercial de Estados Unidos tanto en exportaciones como en importaciones.
En paralelo, el tipo de cambio se mantuvo fortalecido en niveles cercanos a 17.60 pesos por dólar, aun en un entorno de elevada percepción de riesgo.
Para Garza Salazar, estos elementos reforzaron la conclusión central del fenómeno: “El ruido político genera volatilidad; la lógica industrial genera valor”.














