

En esta noticia
- El momento en que el último barco con combustible llegó a Cuba y lo que pasó después
- Cómo es vivir con dos horas de luz por día en pleno verano
- Por qué las plantas eléctricas cubanas están tan deterioradas que ya no aguantan más
- Lo que necesitaría Cuba para salir de esta crisis y por qué ninguna de esas opciones parece viable hoy
Cuba atraviesa una de las peores crisis energéticas de su historia reciente. El propio Ministerio de Energía y Minas reconoció esta semana que los apagones masivos en La Habana superan las 22 horas por día, dejando a los habitantes con apenas una o dos horas de electricidad antes de que vuelva el corte. No es un problema puntual ni una falla técnica aislada: es el desplome de un sistema que llegó a su límite.

El momento en que el último barco con combustible llegó a Cuba y lo que pasó después
El único alivio real que tuvo la isla en los últimos meses llegó en abril, cuando un buque ruso descargó 100.000 toneladas de crudo como donativo. La diferencia fue inmediata: los apagones se redujeron drásticamente y La Habana vivió varios días con electricidad continua. Parecía el principio de una recuperación. No lo fue.
Ese combustible se estiró hasta principios de mayo y luego se acabó. El sistema eléctrico nacional volvió a quedarse sin reservas y los cortes de luz regresaron con más fuerza que antes. El ministro de Energía Vicente de la O Levy lo admitió sin rodeos en cadena televisiva: lo que parecía una mejora fue, en sus propias palabras, “un espejismo temporal”.
Desde enero y hasta semanas antes de ese barco ruso, Cuba no había recibido ni un solo cargamento de combustible. El bloqueo petrolero impuesto por Estados Unidos a principios de 2026 cerró prácticamente todos los canales de suministro que la isla todavía tenía disponibles.
Cómo es vivir con dos horas de luz por día en pleno verano
Cuando la electricidad vuelve a La Habana, dura entre una hora y media y cuatro horas según el barrio. Después, el corte de luz se extiende otras 20 o 22 horas. En el interior del país, donde el gobierno directamente no publica cifras, los testimonios apuntan a que la situación es todavía más extrema que en la capital.
Sin electricidad durante casi todo el día, la vida cotidiana se reorganiza por completo. Las heladeras no funcionan, el agua no sube a los pisos altos porque las bombas no tienen corriente, los negocios no pueden operar y el calor del verano se vuelve insoportable sin ventiladores ni aire acondicionado. La economía, que ya venía golpeada, prácticamente se paralizó.
La empresa estatal Unión Eléctrica proyectó que en las horas pico de corte hasta el 63% del país queda sin electricidad al mismo tiempo. Es uno de los registros más altos desde que el gobierno comenzó a publicar estos datos en 2022, y la tendencia no muestra señales de revertirse.

Por qué las plantas eléctricas cubanas están tan deterioradas que ya no aguantan más
El combustible es la crisis inmediata, pero debajo hay un problema estructural que viene de décadas. Las centrales termoeléctricas que sostienen la mayor parte de la generación eléctrica funcionan mucho más allá de su vida útil, sin haber recibido las inversiones de mantenimiento necesarias. Son máquinas viejas operando al límite, y cuando el suministro de combustible falla aunque sea parcialmente, colapsan.
Los expertos independientes que analizan la situación energética coinciden en ese diagnóstico: incluso antes del bloqueo petrolero de 2026, la isla ya tenía dificultades para pagar el combustible importado por la falta de divisas. El cierre de ese grifo solo aceleró un deterioro que llevaba años acumulándose en silencio.
El gobierno habla de una transición hacia energías renovables como solución de largo plazo. Hay parques solares fotovoltaicos funcionando, pero su aporte al sistema total es todavía marginal comparado con lo que se necesita para cubrir la demanda de once millones de personas.
Lo que necesitaría Cuba para salir de esta crisis y por qué ninguna de esas opciones parece viable hoy
Para estabilizar el sistema eléctrico cubano en el corto plazo harían falta tres cosas que hoy están bloqueadas al mismo tiempo: combustible para las termoeléctricas, inversión para repararlas y divisas para pagar todo eso. El bloqueo petrolero norteamericano complicó el primero, la falta de acceso a financiamiento internacional dificulta el segundo y la parálisis económica hace casi imposible el tercero.
Naciones Unidas cuestionó las restricciones petroleras de Estados Unidos por considerarlas contrarias al derecho internacional, pero la medida sigue vigente. Mientras tanto, Cuba depende de la voluntad de aliados como Rusia para recibir cargamentos puntuales que alivian la crisis por semanas antes de que todo vuelva a cero.














