En la mina de Diavik, a pocos kilómetros del Círculo Polar Ártico, en los territorios del noroeste de Canadá a semanas de su cierre definitivo, y cuando ya no cabía esperanzas sobre la posibilidad de extracción, los excavadores hallaron de manera inesperada el “Santo Grial” de los diamentes.
A veces, la tierra guarda sus mejores secretos para el final. Eso es exactamente lo que ocurrió en abril pasado en la mina. En sus últimas semanas de actividad, tras más de veinte años de operaciones y 150 millones de quilates extraídos, la mina entregó uno de los hallazgos más extraordinarios de su historia.
Hallan el “Santo Grial” de los diamantes: más de 158 quilates formado hace aproximadamente dos mil millones de años
El diamante encontrado se ubica entre los más grandes de este tipo jamás hallados en Canadá, donde las gemas de color amarillo son ya de por sí excepcionales. En más de dos décadas de actividad, solo unas pocas piezas comparables habían salido de esa misma tierra, y este tipo de diamante representa menos del uno por ciento de la producción total.
Lo que lo distingue, sin embargo, no es únicamente su tamaño o su color. Es su origen ya que su formación de hace dos mil millones de años en las profundidades del manto terrestre, es el resultado de procesos geológicos de una lentitud casi imposible de imaginar.
Su tono amarillo, producto de la presencia de nitrógeno durante su formación, lo convierte en una pieza que los especialistas ya califican como excepcional dentro de cualquier clasificación gemológica.
Se trata de uno de los cinco diamantes amarillos de más de 100 quilates encontrados en Diavik, bajo las operaciones de la empresa Rio Tinto en sus 22 años de operación. La mina se caracteriza por su producción de diamantes blancos de alta calidad, mientras que los diamantes amarillos representan menos del 1% de su extracción.
Un hallazgo sin precedentes: “Un milagro de la naturaleza”
El director de operaciones de Diavik Diamond Mines, Matt Breen, destacó la importancia de esta piedra única: “Este diamante canadiense natural, con más de dos mil millones de años de antigüedad, es un milagro de la naturaleza y un testimonio de la habilidad y determinación de los hombres y mujeres que trabajan en el desafiante entorno subártico de Diavik”.