En esta noticia

Existe una idea muy extendida según la cual la siesta es un lujo metabólico ambiguo: para algunos engorda por la inactividad posterior, para otros adelgaza al reducir el estrés. Al mismo tiempo, se suele asumir que cuanto más larga sea esa pausa a mitad del día, más recuperado se despertará el cuerpo.

Sin embargo, la neurociencia acaba de desarmar por completo este pensamiento intuitivo. El Dr. Diego García-Borreguero, neurólogo y uno de los máximos referentes en medicina del sueño en España al frente del Instituto Europeo del Sueño, plantea una frontera tajante que cambia las reglas del juego: “La siesta ni engorda ni adelgaza, pero no debe superar los 45 minutos”.

Diego García-Borreguero, neurólogo: “La siesta ni engorda ni adelgaza, pero no debe superar los 45 minutos”
Diego García-Borreguero, neurólogo: “La siesta ni engorda ni adelgaza, pero no debe superar los 45 minutos”Freepik

¿Por qué desorienta tanto una siesta prolongada?

De acuerdo a la entrevista de Vozpópuli, la explicación no reside en la fuerza de voluntad, sino en la arquitectura de nuestro cerebro. Al cruzar el umbral de los 45 minutos, el organismo interpreta que ha comenzado el reposo nocturno e ingresa de lleno en las fases más profundas del sueño.

Si el despertador suena en ese preciso instante, la interrupción no genera descanso, sino lo que la ciencia denomina “inercia del sueño”. No se trata de cansancio común, sino de un estado de aturdimiento, desorientación y pesadez que puede arrastrarse hasta por una hora. El cerebro, interrumpido a destiempo, lucha torpemente por recomponer sus funciones básicas.

¿Qué evidencia médica respalda el límite del reloj?

El impacto de sobrepasar ese límite no se detiene en el mal humor de la tarde; toca de lleno al reloj biológico y al sistema cardiovascular. Cuando el descanso se prolonga en exceso y de forma frecuente, el ritmo circadiano se desajusta, afectando la secreción hormonal y el metabolismo general.

Incluso hay un factor crítico de salud física: aunque durante el reposo la tensión arterial disminuye de forma natural, en personas hipertensas se produce un rebote donde los valores se elevan abruptamente al despertar de una siesta larga. Curiosamente, la evidencia muestra que este fenómeno no afecta a las personas diabéticas, lo que confirma que el cuerpo reacciona de manera diferenciada según el perfil clínico.

Diego García-Borreguero, neurólogo: “La siesta ni engorda ni adelgaza, pero no debe superar los 45 minutos”
Diego García-Borreguero, neurólogo: “La siesta ni engorda ni adelgaza, pero no debe superar los 45 minutos”Freepik

¿Qué beneficios ocultos tiene si se respeta la regla?

Lejos de demonizarla, el Dr. García-Borreguero y los especialistas de la Unidad de Sueño del Instituto de Investigaciones del Sueño destacan que una siesta corta —el punto óptimo se sitúa entre los 10 y los 30 minutos— actúa como un reinicio fisiológico de alto impacto:

  • Efecto neuroprotector: consolida la memoria y acelera la capacidad de aprendizaje.
  • Impacto hormonal: reduce drásticamente el cortisol, la hormona central del estrés.
  • Respuesta motora: incrementa la velocidad de reacción y la agilidad mental.
  • Alerta sostenida: logra una recuperación del estado de vigilia comparable, en muchos casos, a la de un café, pero sin sus efectos secundarios.

Para garantizar estos efectos, el neurólogo aporta una recomendación contundente que rompe con la costumbre tradicional: la siesta debe hacerse preferentemente sentado o reclinado, jamás acostado en la cama, para evitar fisiológicamente la caída hacia el sueño profundo.

¿Qué consecuencias tiene la hora a la que te acostás?

El margen de maniobra es estrecho. Dormir la siesta después de las cuatro de la tarde altera de forma directa la capacidad para conciliar el sueño por la noche, fragmentando su calidad y postergando el descanso profundo.

La siesta no es una práctica para defender o atacar ciegamente, sino una herramienta de precisión. Si no se logra conciliar el sueño en los primeros 10 minutos, los expertos sugieren no forzarlo: el mero reposo en vigilia en un ambiente oscuro y silencioso aporta beneficios sustanciales. En definitiva, el organismo premia la moderación y la sincronía, pero castiga severamente el exceso.