La discusión sobre el futuro del efectivo se intensificó tras las declaraciones atribuidas a la presidenta Claudia Sheinbaum, en las que se plantea que a partir de septiembre comenzaría la implementación de pagos digitales obligatorios en servicios estratégicos como gasolineras y casetas de peaje.
La medida forma parte de una estrategia más amplia de digitalización del sistema financiero, que busca reducir el uso de dinero en efectivo.
Adiós efectivo en carretera: el cambio que impacta a millones de conductores
La posible eliminación del efectivo en casetas y gasolineras no es un ajuste menor: afecta directamente a la movilidad diaria de millones de personas en todo el país. Para muchos conductores, especialmente transportistas y trabajadores que recorren largas distancias, el efectivo sigue siendo la forma más práctica de pago en carretera.
Con la implementación de pagos digitales obligatorios, el escenario cambiaría por completo. Las tarjetas bancarias, aplicaciones móviles y sistemas de pago sin contacto se convertirían en la única opción en puntos clave de abastecimiento y peaje.
Sin embargo, también aparecen desafíos importantes. No todos los vehículos cuentan con medios de pago digitales activos, y en zonas donde la conectividad es limitada, la transición podría generar complicaciones operativas.
¿Quiénes quedarían fuera del sistema? El reto de la inclusión financiera en México
Uno de los puntos más sensibles de la posible eliminación del efectivo en ciertos servicios es la inclusión financiera. En México, millones de personas aún no cuentan con acceso pleno a servicios bancarios, ya sea por falta de infraestructura, desconfianza en las instituciones o limitaciones económicas.
Para estos sectores, el efectivo no es solo una preferencia, sino una necesidad. Personas que viven en comunidades rurales, trabajadores informales o adultos mayores podrían enfrentar dificultades para adaptarse a un sistema exclusivamente digital.
Otro factor clave es la conectividad. Aunque en ciudades el acceso a internet y telefonía móvil es alto, en muchas regiones del país la señal es inestable o inexistente. Sin una red confiable, los pagos digitales pueden fallar, lo que generaría fricciones en servicios esenciales como el transporte o el abastecimiento de combustible.
También existe el reto de la educación financiera. No basta con tener acceso a tecnología; es necesario que los usuarios comprendan cómo utilizarla de forma segura.