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Desde 2017, el Ejército Popular de Liberación cuenta con una presencia militar permanente fuera de Asia.
No es un campamento provisional ni una misión de paz de bajo perfil: es una base militar de gran escala, financiada con más de 500 millones de dólares, estratégicamente posicionada en Yibuti —pequeño país del Cuerno de África— sobre el estrecho de Bab el-Mandeb, el corredor marítimo que conecta el Océano Índico con el Mar Rojo y el Canal de Suez.
Por ese paso circula una fracción crítica del comercio mundial. Quien lo controla, controla una arteria vital de la economía.
Yibuti es el punto más codiciado del tablero geopolítico mundial
No hay accidente en la elección de Yibuti. El país más pequeño del Cuerno de África es, paradójicamente, uno de los más importantes del planeta en términos estratégicos. El estrecho de Bab el-Mandeb —que separa África de la Península Arábiga con apenas 29 kilómetros de agua— es el cuello de botella por donde transitan millones de barriles de petróleo, contenedores de mercancías y buques militares cada año.
Su posición conecta el Mar Rojo con el Golfo de Adén y, por extensión, con el Canal de Suez, una de las rutas comerciales más utilizadas del mundo. En otras palabras, quien vigila ese punto tiene influencia directa sobre una de las arterias principales del comercio.
En este contexto, China firmó en 2016 un acuerdo formal con el gobierno de Yibuti para instalar su primera base militar permanente en el extranjero. El contrato establece un arrendamiento de diez años con un pago anual estimado en 20 millones de dólares. La base se ubica en el Golfo de Tadjoura, a pocos metros del puerto multipropósito de Puerto de Doraleh. Esta proximidad no es casual: permite que instalaciones portuarias comerciales, carreteras, depósitos y centros logísticos puedan servir tanto para operaciones civiles como militares.
La simultaneidad entre infraestructura civil y militar en el mismo enclave responde a una lógica estratégica conocida como “dual use” (uso dual). Bajo esta doctrina, los proyectos de infraestructura financiados por China —puertos, ferrocarriles o zonas logísticas— cumplen una función económica visible, pero además pueden adaptarse rápidamente para apoyar operaciones navales, reabastecimiento de flotas o despliegue militar.
Además, Yibuti ya era un punto militarizado antes de la llegada de China. En su territorio también tienen bases países como Estados Unidos, Francia, Japón e Italia. Esta concentración de potencias refleja la importancia del lugar: controlar o vigilar Bab el-Mandeb significa tener capacidad de respuesta ante crisis en Medio Oriente, proteger rutas energéticas y monitorear el comercio entre Europa y Asia.
Así es por dentro la base militar china: muelle de aguas profundas, hospital y capacidad para 2.000 soldados
Según trascendió, la instalación ocupa aproximadamente 0,5 kilómetros cuadrados y su infraestructura supera ampliamente lo que cabría esperar de un simple centro logístico. Cuenta con un muelle de aguas profundas de más de 330 metros, capaz de recibir grandes buques de guerra; una plataforma para helicópteros; una pista operativa con torre de control; y almacenes subterráneos de alta capacidad.
En el plano humano, la base tiene capacidad para albergar entre 1.000 y 2.000 efectivos militares y dispone de un hospital que presta servicio tanto al personal castrense como a misiones humanitarias en África y Asia Occidental.
A solo 11 kilómetros de Estados Unidos: la tensión silenciosa que redefine el equilibrio militar en África
Lo que convierte a Yibuti en un escenario sin precedentes en la historia militar contemporánea es que alberga simultáneamente bases de diferentes potencias mundiales. La instalación china se encuentra a apenas 11 kilómetros de la principal base militar estadounidense en el país —el Camp Lemonnier, sede del Comando de África de EE.UU.— y en las inmediaciones de instalaciones francesas y japonesas.
La proximidad física entre ejércitos rivales en un territorio neutral genera una tensión de baja intensidad, pero permanente. Washington expresó en múltiples ocasiones su preocupación por las actividades de inteligencia que podrían desarrollarse desde la base china, y alertó sobre interferencias en operaciones aéreas propias.