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En el mapa económico del siglo XXI, las distancias ya no se miden en kilómetros sino en intercambios. Y en ese nuevo trazado global, la relación entre Brasil y China se ha convertido en uno de los vínculos comerciales más grandes y decisivos.

Lo que comenzó como una relación basada en materias primas se transformó, con el tiempo, en un eje central que está redefiniendo el peso económico de América Latina frente al mundo.

Los números de 2025 lo confirman con contundencia: el comercio bilateral entre ambos países alcanzó 171,000 millones de dólares, la cifra más alta desde que existen registros. Este volumen no solo representa un hito en la historia de la relación entre las dos naciones, sino que superó ampliamente el intercambio de Brasil con cualquier otro socio; de hecho, fue más del doble que el comercio registrado con Estados Unidos en el mismo período, que sumó cerca de 83,000 millones de dólares.

China, el principal destino de la exportación de Brasil

Este crecimiento no ocurrió por casualidad ni de manera espontánea. China se consolidó como el principal destino de los productos brasileños, absorbiendo grandes volúmenes de soja, petróleo, hierro y carne. Solo en exportaciones, Brasil envió hacia el gigante asiático mercancías por 100,000 millones de dólares en 2025, impulsadas principalmente por el agronegocio y el sector extractivo.

"Nuestra relación con China es muy estratégica. Queremos aprender y también atraer más inversiones para Brasil", había manifestado Lula tras su última visita a China.

Estos recursos resultan esenciales para alimentar la industria y la población china, que depende de importaciones para sostener su crecimiento económico y su seguridad alimentaria.

Un flujo que no es unilateral

La relación, sin embargo, no funciona en un solo sentido. Brasil también importa cada vez más productos de China, y en 2025 esas compras alcanzaron un récord de 70,900 millones de dólares. Entre los principales rubros figuran vehículos eléctricos, fertilizantes, equipos industriales y productos químicos. Esta dinámica revela una interdependencia creciente y estructurada: Brasil exporta recursos naturales y, a cambio, recibe tecnología, maquinaria y bienes industriales que sostienen su propio aparato productivo.

China ya representa más del 27% de todo el comercio exterior brasileño

El peso de este intercambio es tan significativo que China ya representa más del 27% de todo el comercio exterior brasileño, consolidándose como su socio económico dominante. Una cifra que, vista en perspectiva, refleja cuánto ha cambiado el eje de gravedad del comercio de la mayor economía de América Latina en las últimas décadas.

El desplazamiento histórico del eje comercial brasileño

Este fenómeno evidencia un cambio histórico más amplio. El eje del comercio brasileño se está desplazando desde Occidente hacia Asia, impulsado por la demanda china y por las transformaciones en el comercio global. Lo que durante décadas fue una relación prioritaria con Europa y Estados Unidos cede terreno ante un vínculo que crece sostenidamente y que hoy define qué produce Brasil, hacia dónde exporta y de quién depende para su desarrollo industrial.

En los puertos brasileños, barcos cargados de soja, petróleo y minerales parten diariamente hacia el otro lado del mundo, mientras contenedores llenos de tecnología y manufacturas regresan en sentido contrario. Esa imagen cotidiana resume, mejor que cualquier cifra, la naturaleza de una relación que ya no es coyuntural sino estructural, y que seguirá siendo uno de los vínculos más influyentes en la economía global de los próximos años.