Desde la más reciente publicación del informe anual sobre barreras comerciales de la Casa Blanca, el sistema de pagos brasilero, Pix, se convirtió en un asunto de Estado que atenta contra la diplomacia entre Estados Unidos y Brasil.
El argumento estadounidense apunta a una ventaja regulatoria mediante la cual, Brasil exige por ley que toda institución financiera con más de 500,000 cuentas ofrezca el servicio, lo que Washington interpreta como una distorsión del mercado en perjuicio de empresas privadas como Visa, Mastercard y otros operadores internacionales de pagos digitales.
Además, Washington reclama por un impuesto del 60% aplicado a las compras internacionales pequeñas, que, según alega, afecta de manera desproporcionada a las firmas estadounidenses.
Pix, intocable: Lula se pone firme y rechaza acusación
La reacción del presidente Luiz Inácio Lula da Silva fue contundente y sin matices diplomáticos. Reivindicó el sistema como patrimonio nacional y lo defendió como una conquista de inclusión financiera para millones de brasileños que hoy transfieren dinero de forma gratuita, inmediata y desde cualquier celular, a cualquier hora del día.
“¿Qué nos van a obligar a cambiar? El PIX es de Brasil. Y nadie, nadie, va a impedir que el PIX siga prestando el servicio que le está dando a la sociedad”, declaró el mandatario.
El Banco Central y la Cancillería fueron en la misma dirección. Subrayaron que PIX no discrimina a ninguna empresa extranjera y añadieron un argumento que incomodó a Washington: la propia Reserva Federal estadounidense está construyendo un sistema de pagos instantáneos similar, lo que desarma buena parte de la crítica.
La historia de Pix en Brasil: de fenómeno local a ambición geopolítica
Lanzado en 2020, PIX acumula hoy más de 175 millones de usuarios y ha desplazado a las tarjetas como método de pago preferido en Brasil. La fórmula es simple pero poderosa: sin comisiones, sin horarios, sin fricciones. Un modelo que erosiona directamente el negocio de las redes de pago tradicionales, cuya rentabilidad depende de cada transacción cobrada.
Pero Brasil no quiere quedarse en casa. El gobierno de Lula trabaja en la internacionalización del sistema, con la mira puesta en conectar PIX con plataformas de otros países para facilitar remesas y pagos transfronterizos. Si PIX se expande por la región, podría reducir la dependencia histórica de América Latina respecto a las redes financieras de origen estadounidense