

¿Alguna vez alguien comenzó a reír y, sin saber exactamente por qué, terminaste riéndote también? La ciencia tiene una explicación para este fenómeno: la risa es contagiosa porque el cerebro humano está preparado para interpretar las emociones de otras personas, imitar algunas de sus respuestas y reforzar los vínculos sociales.
De acuerdo con información de la UNAM Global, este mecanismo está relacionado con las llamadas neuronas espejo, células que participan en la capacidad de entender e imitar lo que hacen los demás. Por eso, cuando escuchamos una carcajada, nuestro cerebro puede interpretar esa expresión como una señal positiva y preparar al organismo para responder de manera similar.
Pero ¿qué pasa con las personas a las que no se les contagia la risa? No reírse automáticamente cuando otros lo hacen no significa que una persona carezca de empatía ni permite diagnosticar un trastorno de personalidad. La respuesta ante la risa depende de numerosos factores, como el contexto, el estado emocional, la confianza con quienes nos rodean y la manera particular en que cada persona procesa las situaciones sociales.

¿Por qué la risa es contagiosa y qué ocurre en el cerebro?
La risa tiene una fuerte dimensión social. Cuando una persona ríe, quienes están a su alrededor pueden reconocer la expresión y su intención, lo que facilita una respuesta semejante.
Según la explicación de la maestra Alicia Castillo Martínez, profesora de neuroanatomía de la UNAM, las neuronas espejo ayudan a comprender y reproducir las acciones de otras personas, por lo que este mecanismo también participa en el contagio de la risa.
Además, compartir una carcajada puede fortalecer los vínculos afectivos. El cerebro no solamente interpreta el sonido de la risa, sino que pone en funcionamiento distintas estructuras relacionadas con las emociones, el lenguaje, el placer, el juego y el movimiento. Entre los aspectos relacionados con este fenómeno se encuentran:
- Las neuronas espejo: ayudan a interpretar e imitar respuestas observadas en otras personas.
- La conexión social: reír en compañía puede reforzar los vínculos y generar una sensación de pertenencia.
- La emoción: la risa puede involucrar estructuras como la amígdala y el giro del cíngulo, relacionadas con la interpretación emocional.
- El humor: cuando la risa surge de algo gracioso, el cerebro necesita interpretar el contexto, el lenguaje y aquello inesperado que provoca la reacción.
- La respiración: durante una carcajada cambia el patrón respiratorio y participa activamente el diafragma.

La risa no es igual que la sonrisa y tampoco siempre significa alegría
Aunque suelen confundirse, sonrisa, risa y carcajada no son exactamente lo mismo. La especialista de la UNAM explica que la sonrisa es un gesto sin sonido, mientras que la risa ya implica una emisión sonora y la carcajada representa una expresión más intensa. En los bebés, la sonrisa aparece desde edades muy tempranas, pero la risa sonora comienza aproximadamente a los cinco meses y adquiere una mayor coordinación alrededor de los siete meses.
La risa humana también tiene raíces que compartimos con otros mamíferos. El famoso “jajaja” está más relacionado con sonidos de comunicación animal que con el lenguaje propiamente dicho. Incluso se ha observado que las ratas emiten vocalizaciones asociadas con el juego y las cosquillas, aunque algunas se encuentran en frecuencias que el oído humano no puede percibir.
El humor, en cambio, requiere procesos cognitivos más complejos. Cuando entendemos un chiste o detectamos algo inesperado, intervienen diferentes zonas cerebrales para interpretar el lenguaje, reconocer expresiones, procesar la emoción y producir la respuesta motora de la risa.
La risa también puede funcionar como una forma de conexión, juego e incluso seducción, pero no siempre tiene un efecto positivo. Reír con alguien puede fortalecer los vínculos, mientras que reírse de alguien puede generar estrés, ansiedad y una sensación de rechazo. Por ello, la intención detrás de la risa es fundamental para entender su efecto en las relaciones sociales.
Y si una persona no se ríe cuando los demás lo hacen, no debe interpretarse automáticamente como una señal de falta de empatía. La ausencia de contagio de la risa, por sí sola, no es un indicador de trastorno antisocial de la personalidad ni permite establecer un diagnóstico. La empatía y los trastornos de personalidad se evalúan a partir de patrones mucho más amplios y persistentes de comportamiento, no de una sola reacción ante una carcajada.















