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El glaciar Thwaites, ubicado en la Antártida Occidental, es uno de los principales focos de preocupación de los científicos por su rápido retroceso. Su pérdida completa podría contribuir a un aumento global del nivel del mar de unos 65 centímetros.

Ante este escenario, investigadores analizan una propuesta que parece salida de una película de ciencia ficción: instalar una estructura de aproximadamente 80 kilómetros de extensión sobre el fondo del océano. El objetivo sería reducir el contacto entre el hielo y las aguas cálidas que llegan hasta su base.

El glaciar Thwaites y el riesgo que preocupa a los científicos

El Thwaites se encuentra en una zona especialmente vulnerable de la Antártida Occidental. El agua relativamente cálida del océano puede avanzar por debajo de la plataforma de hielo y favorecer su derretimiento, además de contribuir al retroceso de la línea donde el glaciar comienza a flotar.

La preocupación no se limita al hielo que desaparece actualmente. El glaciar drena una superficie comparable a la de Gran Bretaña y su eventual pérdida podría elevar el nivel global del mar en alrededor de 65 centímetros, además de favorecer la pérdida de hielo en otras zonas de la Antártida Occidental.

Investigaciones realizadas durante los últimos años también permitieron observar directamente la interacción entre el océano y el glaciar. Los científicos detectaron que el ingreso de agua marina cálida puede provocar un derretimiento intenso en sectores ubicados debajo del hielo.

Así funcionaría la gigantesca pared submarina

La propuesta no consiste necesariamente en construir un muro sólido tradicional. El proyecto estudiado plantea una especie de cortina flexible anclada al fondo marino, diseñada para bloquear o reducir el ingreso de las corrientes cálidas hacia la zona donde el glaciar se encuentra con el océano.

Los estudios científicos contemplan una estructura de unos 80 kilómetros de largo instalada en aguas de aproximadamente 600 metros de profundidad. La barrera buscaría modificar la circulación del agua sin tener que intervenir directamente sobre el hielo.

Una investigación publicada en PNAS Nexus sostiene que este tipo de estructura podría ser técnicamente concebible con tecnologías de construcción marítima existentes, aunque su instalación en aguas antárticas implicaría enormes dificultades debido a los icebergs, el clima extremo y las limitadas temporadas de trabajo.

Una obra monumental con costos y desafíos inéditos

El proyecto todavía se encuentra en una etapa de investigación y diseño, por lo que no se trata de una obra que ya esté en construcción. Los científicos estudian si una intervención de semejante escala podría ser viable y cuáles serían sus posibles consecuencias antes de plantear una implementación real.

Uno de los principales obstáculos es económico. Las estimaciones del estudio para una cortina de 80 kilómetros calculan un costo inicial de entre 40.000 y 80.000 millones de dólares, además de gastos de mantenimiento que podrían alcanzar entre 1.000 y 2.000 millones de dólares anuales.

La propuesta también genera interrogantes ambientales y técnicos. Modificar deliberadamente las corrientes oceánicas alrededor de un glaciar podría producir efectos difíciles de anticipar, mientras que trabajar durante años en uno de los ambientes más extremos del planeta supondría un desafío logístico extraordinario.

Por ahora, el objetivo de los investigadores es determinar si una barrera submarina podría ralentizar el deterioro del Thwaites y ganar tiempo frente al aumento del nivel del mar. La iniciativa forma parte de una línea de investigación conocida como ingeniería glaciar, que busca explorar intervenciones físicas capaces de reducir el impacto del calentamiento sobre los grandes sistemas de hielo.