Luiz Inácio Lula da Silva es, desde hace más de dos décadas, la figura central de la política brasileña. Exobrero metalúrgico, líder sindical y fundador del Partido de los Trabajadores (PT), gobernó Brasil de 2003 a 2010 antes de volver al poder en 2023. A tres semanas de cumplir 81 años, el domingo 4 de octubre busca su cuarto mandato.
Su recorrido tiene pocos equivalentes en la región. Nació en el nordeste, la zona más pobre del país, y pasó a ser el primer presidente obrero de Brasil. Estuvo preso por corrupción y volvió a ganar la presidencia después de que le anularan las condenas.
Ahora intenta ganar la reelección frente al senador Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, condenado por encabezar un intento de golpe de Estado, entre otros delitos. Las últimas encuestas muestran una leve ventaja de Lula frente a su principal rival, pero todo indica que habrá balotaje el 25 de octubre.
Llega como el principal referente de la izquierda brasileña, con desempleo e inflación en niveles bajos y una defensa de la soberanía que se volvió bandera de campaña tras sus choques con Donald Trump y Javier Milei. En contra tiene una economía que perdió impulso, una desaprobación que en septiembre llegó al 50% y ningún heredero a la vista.
Del nordeste a la presidencia
Lula nació el 27 de octubre de 1945 en Caetés, en el interior de Pernambuco. Su madre, Dona Lindu, tuvo 12 hijos y cuatro murieron por la pobreza extrema. En los años 50 migró con su familia a São Paulo.
Trabajó como tornero en el ABC paulista, un cordón industrial al sur de São Paulo. Allí llegó a presidir el sindicato de metalúrgicos de São Bernardo. A fines de los 70 encabezó las grandes huelgas contra la dictadura militar (1964-1985) y en 1980 cofundó el PT.
Perdió tres elecciones presidenciales, en 1989, 1994 y 1998. Después moderó su discurso y en 2002 llegó al poder.
Auge, cárcel y regreso
Sus dos primeros mandatos (2003-2010) coincidieron con el auge de las materias primas. En esos años, Bolsa Família, un programa de transferencias para familias pobres, llegó a más de 12 millones de hogares y unas 40 millones de personas salieron de la pobreza. Dejó el cargo en 2010 con 80% de aprobación.
Luego llegaron el mensalão, el escándalo de 2005 por sobornos mensuales a legisladores, y el Lava Jato, la megacausa por corrupción en torno a Petrobras. Lula estuvo preso 580 días, entre abril de 2018 y noviembre de 2019. En 2021, el Supremo Tribunal Federal (STF), la Corte Suprema brasileña, anuló sus condenas.
En octubre de 2022 venció a Bolsonaro por 50,9% a 49,1%. El 8 de enero de 2023, una semana después de su asunción, bolsonaristas invadieron las sedes de los tres poderes en Brasilia. Por ese intento de golpe, Jair fue condenado en 2025 a 27 años de prisión.
Buenos indicadores, economía más lenta
En su gestión actual, Lula exhibe indicadores que cualquier oficialismo querría mostrar en campaña. El desempleo está en mínimos históricos, la inflación cerró 2025 en su nivel más bajo en siete años y la deforestación en la Amazonía cayó con fuerza desde 2023.
Sin embargo, la economía perdió impulso. Según JPMorgan, el PBI se desaceleró en el segundo trimestre de 2026 a un 1,9% anualizado, desde el 4,5% del trimestre anterior. La caída del consumo responde a una tasa de interés del 14% anual, que además encarece el endeudamiento de las familias.
Esa desaceleración pesa en la campaña. A mediados de septiembre, el 52% de los brasileños consideraba que la economía del país estaba mal o muy mal, aunque solo el 22% decía lo mismo de su situación personal, según Nexus. Ese mismo mes, la desaprobación de Lula llegó al 50%, según Quaest.
De los BRICS al choque con Trump y Milei
Desde su regreso al poder, Lula recuperó la política exterior de sus primeros mandatos: apuesta por el multilateralismo, protagonismo en los BRICS y un perfil de líder del sur global. Esa línea también le valió críticas, como cuando asistió, en mayo de 2025, al desfile del Día de la Victoria en Moscú junto a Vladimir Putin.
La presión de Donald Trump le dio a esa postura un nuevo sentido. En julio de 2025, Estados Unidos impuso aranceles del 50% a productos brasileños y los vinculó al juicio contra Jair Bolsonaro. Lula se negó a negociar sobre la causa judicial y apostó a diversificar el comercio: en este mandato, el intercambio con China duplica al que Brasil mantiene con Estados Unidos, y el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea entró en vigor de forma provisional.
El 22 de septiembre de 2026, ante la Asamblea General de la ONU, advirtió sobre las tentaciones hegemónicas en la región y afirmó: “Brasil no cabe en el patio de nadie”.
En la región, en cambio, su liderazgo choca con el giro a la derecha de varios gobiernos vecinos. La relación con Javier Milei, fría desde que el argentino asumió en diciembre de 2023, tocó su peor momento en julio de 2026, cuando Milei lo trató de ladrón y presidiario en un acto de Flávio Bolsonaro en São Paulo. El 4 de agosto, Brasil rebajó la relación bilateral al nivel de encargado de negocios.