Crisis en Brasil: tensión política, paro de camioneros y el agosto 'más caro' en 21 años

Tras las protestas del martes, Jair Bolsonaro dio marcha atrás y dijo no tenía intención de agredir a los otros poderes. El gobierno, además, desactivó una protesta de camoneros oficialistas, tras dos días de cortes.

Tras las manifestaciones del 7 de septiembre -convocadas por el propio Jair Bolsonaro en una suerte de demostración de fuerza de cara a las elecciones de 2022-, el mandatario brasileño dio marcha atrás en su escalada de confrontación con la corte suprema.

"Nunca tuve la intención de atacar a ninguno de los poderes. La armonía entre ellos no es voluntad mía, sino una determinación constitucional que todos, sin excepción, deben respetar", manifestó Bolsonaro en un comunicado, y agregó: "reitero mi respeto por las instituciones de la República, motores que ayudan a gobernar el país".

El martes, Bolsonaro había sugerido una ruptura con el Supremo Tribunal Federal (STF). El presidente atacó especialmente a uno de los jueces de la corte, Alexandre de Moraes, que abrió dos investigaciones en su contra. "Quien esté afuera de ella [la Constitución] se encuadra o está pidiendo salir", había dicho. También ha puesto en dudas el sistema electoral brasileño -que utiliza el voto electrónico des de 1996- y ha tratado de introducir el voto impreso.

La carta fue difundida luego de una reunión de Bolsonaro con el expresidente Michel Temer, en el Palacio de Planalto.

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Po otra parte, el gobierno desactivó una protesta de camioneros que duró dos días y provocó bloqueos y cortes de ruta en 15 de los 26 estados brasileños y el distrito federal. Los camioneros no tenían el apoyo formal de las entidades del sector y la mayoría están vinculados con el agro y estaban alineados políticamente con el oficialismo, según Folha de Sao Paulo.

En la noche del miércoles, Bolsonaro hizo circular un mensaje de audio entre los grupos de camioneros (a los que definió como sus "aliados") en el que les pedía que terminaran con los bloqueos, que afectan a la economía y "causan escasez de suministros, inflación y perjudican a todos, sobre todo a los más pobres".

En medio de la crisis política, la economía brasileña sigue sumando datos negativos: en agosto los precios subieron 0,87% -levemente debajo del 0,96% de julio pero por arriba de las proyecciones de los economistas-, y se trata de la cifra más alta para ese mes en 21 años. Por otra parte, la inflación interanual ya roza el 10%, la más alta desde 2016.

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Con estos resultados, es probable que el Banco Central de Brasil este mes vuelva a subir la tasa de interés -ya hubo cuatro actualizaciones en lo que va del año, desde el 2% hasta 5,25%- en 100 puntos básicos (6,25%), según había adelantado el Comité de Política Monetaria (Copom).

La inflación; el aumento de las tasas, y su impacto en el crédito; el temor de los inversores por el incremento del gasto público; y la incertidumbre por la tensión política, están rebajando las proyecciones de crecimiento (5,15% , según la última encuesta Focus del banco central) de la principal economía de la región para este 2021.

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Según el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE), ocho de las nueve categorías analizadas reportaron aumentos, con el sector de transportes (1,46%) liderando el ranking, seguido por alimentos y bebidas (1,39%) e indumentaria (1,02%). El único sector que no aumento fue el de salud y cuidado personal (-0,04%).

Los precios del transporte están influenciados por la suba de los combustibles (2,96%), especialmente de la nafta (2,80%), que representó 0,17 pp de la inflación de agosto.

La inflación se ha exacerbado con la reapertura de la economía brasileña tras la pandemia, mientras una fuerte sequía ha estado impactando en el precio de la energía. Por otra parte, la demanda mundial impulsa los costos de las materias primas. La inflación acumulada de 2021 es de 5,67% y ya supera la meta del banco central (3,75% con un margen de 1,5%). La última estimación de los economistas brasileños para este año es de 7,58%.

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