

Un hallazgo sin precedentes acaba de sacudir a la comunidad científica y a los amantes de la fauna marina en la Patagonia. En las últimas horas, un equipo de investigadores confirmó el avistaje de una Ballena Azul (Balaenoptera musculus) frente a las costas de Chubut, un evento considerado una verdadera rareza en la región.
El encuentro tuvo lugar en las aguas del Golfo San Jorge, una zona rica en biodiversidad pero que habitualmente no recibe a estos gigantes. A diferencia de la Ballena Franca Austral, que visita la zona de Península Valdés cada año para reproducirse, la Ballena Azul suele habitar aguas más profundas y oceánicas, lejos de la mirada humana.
Estamos hablando, literalmente, del animal más grande del planeta. Para dimensionar su tamaño, basta con saber que un ejemplar adulto puede alcanzar los 30 metros de largo —el equivalente a tres autobuses escolares en fila— y pesar hasta 150 toneladas. Solo su lengua pesa lo mismo que un elefante africano.
El registro fue catalogado como un “hito científico” por los expertos locales. Durante décadas, la presencia de esta especie en el Mar Argentino fue esporádica debido a la caza indiscriminada que sufrió en el siglo XX, que la llevó casi al borde de la extinción. Verlas regresar es una señal esperanzadora de recuperación del ecosistema.
Según los reportes preliminares, el ejemplar se mostraba tranquilo y desplazándose a velocidad constante. Los biólogos aprovecharon la oportunidad única para tomar fotografías y registros de video que servirán para estudiar sus patrones migratorios y entender qué la trajo tan cerca de la costa chubutense.

Uno de los factores que podría explicar esta aparición es la búsqueda de alimento. El mar patagónico es una fuente inagotable de krill, el pequeño crustáceo que conforma la base de la dieta de este coloso. En un solo día, una Ballena Azul necesita consumir cerca de 4 toneladas de este alimento para mantener su energía.
Este avistaje se suma a una serie de apariciones esporádicas en el hemisferio sur que sugieren que la población de ballenas azules se está expandiendo lentamente. Sin embargo, los científicos piden cautela: sigue siendo una especie en peligro y cada individuo cuenta.
La noticia generó furor inmediato en las redes sociales y entre los operadores turísticos de la provincia. Si bien no es un animal que se pueda ver desde la orilla como a las ballenas francas, el hecho pone a Chubut nuevamente en el centro de la escena mundial como santuario de biodiversidad marina.
Por el momento, las autoridades recomiendan a las embarcaciones que naveguen por la zona mantener una distancia prudencial en caso de cruzarse con el animal. El objetivo es no alterar su rumbo ni generarle estrés, permitiendo que este “rey de los océanos” continúe su travesía por el Atlántico Sur.














