Las sopas cremosas suelen asociarse con preparaciones más pesadas, sobre todo cuando llevan crema, manteca o grandes cantidades de queso. Sin embargo, hay recetas que logran una textura suave y un sabor intenso con ingredientes que también aportan nutrientes de calidad.
Ese es el caso de la sopa de apio con queso y yogur, una preparación que combina verduras, caldo, queso y un toque final de yogur natural. Además del sabor, el agregado de este alimento fermentado permite sumar un ingrediente que hoy cada vez más especialistas relacionan con beneficios digestivos.
Cómo se prepara la sopa de apio con queso y yogur
La receta parte de una base simple con manteca, apio, hojas de apio y morrón verde. Primero se saltean las verduras a fuego medio durante algunos minutos hasta que empiecen a ablandarse. Luego se incorpora vino blanco y se deja reducir para concentrar el sabor.
Después se agrega agua caliente, un cubo de caldo de verduras y hierbas como laurel y tomillo. La preparación se cocina hasta que las verduras estén bien tiernas y, una vez lista, se procesa para obtener una crema pareja.
En el tramo final se vuelve a llevar al fuego, se suma el queso gouda para que se derrita y se ajusta la sazón con pimienta blanca. Al momento de servir, la receta se completa con gotas o hilos de yogur natural y una pizca de nuez moscada, que aportan frescura y contraste.
¿Por qué usar yogur para hacer más liviana la receta?
El yogur cumple un doble papel en este plato. Por un lado, aporta cremosidad y un punto ácido que equilibra el sabor del queso y de la manteca. Por otro, puede funcionar como una alternativa más liviana que otras bases habituales en sopas cremosas.
Por otro lado, el equipo interdisciplinario de Profesionales y Expertos en Nutrición Infantil (Profeni) destaca que el yogur aporta proteínas de alto valor biológico, calcio y vitaminas esenciales.
¿Qué beneficios aporta el yogur?
Más allá de su uso en cocina, Profeni pone el foco en el valor del yogur como alimento fermentado. Según explican, “el consumo habitual de alimentos fermentados, como el yogur, se asocia con un mejor estado de salud general” y con un “mejor bienestar digestivo”.
Esa afirmación se respalda, entre otras fuentes, en un artículo de Taylor publicado en mSystems en 2020 sobre consumo de fermentados y diferencias sistemáticas en microbioma y metaboloma, y en trabajos de Marco, Hill, Hutkins, Slavin, Tancredi, Merenstein y Sanders sobre una posible recomendación de ingesta diaria de microbios vivos.