

Morderse las uñas es una conducta cotidiana que muchas personas realizan sin pensar. Para algunos, es una forma de lidiar con el aburrimiento; para otros, una reacción automática ante el estrés. Sin embargo, detrás de este gesto aparentemente simple puede esconderse un trastorno psicológico más complejo.
La psicología advierte que este comportamiento, conocido como onicofagia, no solo afecta la estética de las manos, sino que también puede tener consecuencias físicas y emocionales. Cuando se vuelve crónico, deja de ser un hábito pasajero y se convierte en una señal de alerta.
¿Qué significa morderse las uñas?
La onicofagia es una conducta repetitiva que suele aparecer en situaciones de ansiedad, nerviosismo, estrés o incluso aburrimiento. Aunque es más frecuente en niños entre los 7 y 10 años, puede persistir en la adolescencia y la adultez, donde se asocia a problemas como trastornos de ansiedad, TDAH e incluso depresión.

Además de las implicancias psicológicas, este hábito puede causar daños físicos, como infecciones en los dedos, lesiones en las uñas y problemas dentales. También genera consecuencias sociales, como baja autoestima y vergüenza, lo que lleva a muchas personas a ocultar sus manos.
¿Cuándo deja de ser un hábito saludable?
Morderse las uñas nunca es considerado un comportamiento sano, pero se vuelve preocupante cuando la persona no puede controlarlo y se lastima. En estos casos, los especialistas recomiendan consultar con un profesional de la salud para identificar el origen del problema y evitar complicaciones médicas.

¿Cómo prevenir morderse las uñas?
Existen estrategias para reducir la onicofagia:
- Aplicar productos amargos en las uñas para desalentar el hábito.
- Usar barreras físicas, como guantes o dispositivos que bloqueen el contacto entre dientes y uñas.
- Buscar ayuda profesional en casos graves, donde puede ser necesario un abordaje psicológico y, en algunos casos, medicación específica.











