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El aceite de oliva es uno de los ingredientes más usados en la cocina argentina, pero pocos saben que guardarlo en la heladera puede ser una señal de que estás eligiendo bien.

Tomás Gill, ingeniero en alimentos, explicó que meter el aceite de oliva en el frío no arruina el producto. Al contrario, puede revelar algo importante sobre su calidad.

Por qué el aceite de oliva se solidifica en la heladera

Cuando el aceite de oliva entra en contacto con temperaturas bajas, entre 4 y 6 grados, empieza a solidificarse o a formar grumos blancos. Ese cambio no es un defecto.

Cuando el aceite de oliva entra en contacto con temperaturas bajas, entre 4 y 6 grados, empieza a solidificarse o a formar grumos blancos. Ese cambio no es un defecto.

Según Gill, ese proceso ocurre porque el ácido oleico, el principal componente del aceite de oliva de buena calidad, tiene un punto de solidificación relativamente alto.

Si el aceite solidifica, es una señal de que tiene una proporción elevada de ese ácido graso.

En cambio, si el aceite queda completamente líquido en la heladera, puede indicar que está adulterado o mezclado con otros aceites más baratos, como el de girasol, que no solidifican a esas temperaturas.

El proceso es completamente reversible: basta con dejar la botella a temperatura ambiente unos minutos para que el aceite vuelva a su estado líquido sin perder propiedades.

Cómo saber si tu aceite de oliva es de buena calidad

Además del test del frío, Gill recomienda prestar atención a estos puntos al momento de comprar o usar aceite de oliva:

  • Sabor: un buen aceite tiene notas frutadas, ligeramente amargas y un toque picante al final.
  • Color: varía entre verde intenso y dorado, pero el color solo no define la calidad.
  • Etiqueta: buscar la denominación “extra virgen”, que garantiza que fue extraído solo por métodos mecánicos.
  • Fecha de cosecha: el aceite de oliva no mejora con el tiempo. Lo más fresco, mejor.
  • Acidez: los aceites extra vírgenes de calidad tienen menos de 0,8% de acidez.

El dato del frío es una forma rápida y casera de verificar si el producto que compraste vale lo que pagaste. No reemplaza la etiqueta ni la trazabilidad, sin embargo, es un primer filtro útil.

En este contexto, guardar el aceite de oliva en la heladera deja de ser un error y se convierte en una herramienta de control de calidad al alcance de cualquiera.