Son parte del paisaje de casi cualquier esquina porteña. Sin embargo, pocos saben que su instalación no es arbitraria ni está exenta de polémica.

Estas estructuras, conocidas técnicamente como bolardos, cumplen una función urbana concreta. No obstante, también generan reclamos que crecen a medida que se multiplican por la ciudad.

Para qué sirven los bolardos de hormigón

Su función principal es impedir que autos o motos invadan el espacio peatonal, algo frecuente en cuadras angostas o frente a comercios.

Además, cumplen otros roles dentro del mobiliario urbano:

  • Proteger rampas para sillas de ruedas de autos mal estacionados
  • Delimitar zonas con cañerías o raíces de arbolado
  • Marcar el límite entre sector vehicular y peatonal en calles de prioridad peatón

El hormigón se eligió por su bajo costo y resistencia a los impactos, sin necesidad de mantenimiento frecuente.

Pocos lo saben: para qué sirven las bolas de cemento en las veredas y por qué son importantes.Generado con Gemini imagen ilustrativa | El Cronista Audiencias

Los problemas que generan y qué dice la normativa

El reclamo más habitual tiene que ver con la accesibilidad. En algunos casos, los bolardos reducen el ancho útil de la vereda y complican el paso de cochecitos o sillas de ruedas.

También aparece el riesgo nocturno. Cuando no están señalizados con pintura reflectiva, se convierten en un obstáculo difícil de ver en la oscuridad.

Según el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, estos elementos deben cumplir criterios técnicos puntuales.

Tienen que resistir el impacto de vehículos sin perder su función, requerir bajo mantenimiento y contar con una base de hormigón armado que garantice estabilidad.

En definitiva, no alcanza con instalar una esfera de cemento en cualquier punto de la vereda. Su ubicación y señalización forman parte de una normativa pensada, ante todo, para proteger al peatón.