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Antes de tirar ese ventilador que dejó de funcionar o que está juntando polvo en el galpón, tenés que saber: lo que creés que es basura podría convertirse en la pieza más original de tu jardín, balcón o terraza.

El upcycling —o reciclaje creativo— está en pleno auge y los ventiladores antiguos son el material perfecto para crear maceteros con onda industrial, sustentables y totalmente únicos.

Cada año en Argentina se desechan miles de electrodomésticos que terminan en basurales a cielo abierto, generando contaminación ambiental. Según datos de la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable, más del 60% de los residuos electrónicos no recibe tratamiento adecuado. Darle una segunda vida a un ventilador no solo te permite ahorrar plata y tener una decoración única, sino que también contribuís a reducir la huella ecológica.

Por qué los ventiladores viejos son un “tesoro” para el jardín

Los ventiladores de pie que usaban nuestros abuelos —esos metálicos, pesados, con rejillas cromadas— tienen características estructurales ideales para transformarse en portamacetas:

  • Base sólida y estable: el pie circular o trípode aguanta peso sin problemas, incluso con tierra húmeda y plantas de tamaño mediano.
  • Soporte vertical regulable: muchos modelos permiten ajustar la altura, lo que te da versatilidad para armar composiciones a distintos niveles.
  • Rejilla circular perfecta: la parrilla protectora del ventilador funciona como contenedor natural para macetas o como base para jardines verticales.
  • Estética vintage irresistible: el acabado retro, especialmente si tiene algo de óxido controlado o pintura descascarada, le da ese toque industrial que está súper de moda en decoración.

Paso a paso: cómo convertir tu ventilador en macetero

Transformar un ventilador viejo en un macetero original es más fácil de lo que parece. No necesitás ser un experto en bricolaje, solo ganas de reciclar y un par de herramientas básicas.

Materiales que vas a necesitar:

  • Ventilador viejo (de pie o de mesa)
  • Destornillador (Phillips o plano, según el modelo)
  • Agua, jabón y cepillo para limpiar
  • Pintura en aerosol (opcional, para personalizar)
  • Alambre galvanizado o precintos plásticos (bridas)
  • Maceta de plástico o barro (que entre en la rejilla)
  • Tierra y planta de tu elección
  • Guantes de trabajo

Paso 1: desmontá el ventilador con cuidado

Desenchufá el ventilador si aún funciona y llevalo a un espacio ventilado. Usá el destornillador para retirar:

  • Las aspas (generalmente sujetas por una tuerca central)
  • El motor eléctrico completo
  • Cables y componentes internos

Importante: no tires el motor ni los cables a la basura común. Los componentes electrónicos contienen metales valiosos como cobre que pueden reciclarse. Llevalos a un Punto Verde o Punto Limpio de tu municipio. En la Ciudad de Buenos Aires, por ejemplo, existen más de 40 centros de reciclaje que los reciben gratuitamente.

Lo que te tiene que quedar es:

  • La base
  • El tubo o soporte vertical
  • La rejilla protectora (parrilla)

Paso 2: limpieza profunda

Este paso es clave para que el resultado sea prolijo y la pintura (si decidís pintarlo) agarre bien.

Lavá todas las partes con agua tibia, jabón y un cepillo para remover:

  • Polvo acumulado durante años
  • Grasa pegada
  • Restos de óxido superficial

Si el óxido es importante y querés eliminarlo por completo, podés usar una lija de grano medio (120-180) o un cepillo de alambre. Pero si te gusta el estilo rústico industrial, dejá algo de pátina oxidada —le da mucho carácter.

Secá bien todas las piezas para evitar que se oxide más de la cuenta.

Paso 3: personalizá con pintura (opcional)

Este paso es totalmente a gusto. Podés dejarlo con su acabado original o darle tu estilo.

Colores que funcionan bien:

  • Negro mate: estilo industrial moderno
  • Blanco roto o crema: para un look shabby chic
  • Verde musgo o azul petróleo: dale vida con color
  • Dorado o cobre: si querés un toque sofisticado
  • Combinaciones: base de un color, rejilla de otro

Usá pintura en aerosol específica para metal. Aplicá en capas finas, dejando secar entre cada una. Dos o tres capas suelen ser suficientes.

Paso 4: armá la estructura portamacetas

Acá viene la parte creativa. Hay varias maneras de usar la rejilla del ventilador:

Opción A - Maceta dentro de la rejilla:

Abrí la rejilla protectora (suele tener ganchitos o tornillos). Colocá la maceta en el centro y cerrá la rejilla alrededor. Asegurala con alambre o bridas plásticas en varios puntos para que quede firme. Esta es la opción más simple y prolija.

Opción B - Jardín vertical multicapa:

Si tenés varios ventiladores o varias rejillas, podés armar un jardín vertical superponiéndolas a distintas alturas sobre el tubo. Quedarían como “pisos” de plantas.

Opción C - Maceta colgante:

Quitá la base y el tubo, dejando solo la rejilla. Agregale cadenas o sogas resistentes en tres o cuatro puntos y colgala del techo de la galería o de una rama fuerte. Colocá plantas colgantes adentro.

Paso 5: plantá y disfrutá

Llenalo con sustrato de buena calidad, plantá tus especies favoritas y listo. Tenés un macetero único, sustentable y con historia.

Ese ventilador viejo que pensabas tirar puede transformarse en la pieza estrella de tu jardín, balcón o terraza. Con un par de horas de trabajo, herramientas básicas y un toque de creatividad, tenés un macetero único, ecológico y lleno de historia.

Además de ahorrar plata y decorar con estilo, estás contribuyendo a cuidar el planeta. Cada objeto que reciclás es un paso hacia un consumo más consciente y responsable.