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Una receta casera comenzó a ganar popularidad en los jardines y huertas del hogar: se trata de la combinación de cáscaras de banana y azúcar, que promete ser un aliado sorprendente para tus plantas.
Lejos de ser un truco de moda, muchos aficionados a la jardinería están redescubriendo cómo aprovechar lo que antes era desecho para potenciar la nutrición del suelo de forma económica y natural.
Mezclar cáscara de banana y azúcar: para qué sirve
La cáscara de banana contiene minerales esenciales —como potasio, fósforo y calcio— que son clave para el crecimiento vigoroso de las plantas. Tradicionalmente, estos nutrientes forman parte de muchos fertilizantes, pero ahora se pueden reutilizar de manera casera y sin químicos.
Cuando se combina con azúcar, ese potencial se maximiza: el endulzante no solo mejora la absorción de los nutrientes por parte de las raíces, sino que también alimenta a los pequeños microorganismos del suelo que ayudan a descomponer la materia orgánica y liberar más nutrientes útiles.

Los beneficios de esta mezcla
Quienes recomiendan este preparado señalan varios efectos positivos cuando se usa con moderación:
- Estimula la floración y la producción de frutos, gracias al aporte de potasio.
- Fortalece el sistema radicular por el fósforo, lo que ayuda a que las plantas se anclen y absorban mejor el agua.
- Mejora la resistencia al estrés hídrico, pues plantas bien nutridas regulan mejor su contenido de agua.
Además, el azúcar actúa como un “combustible” para la vida microbiana del sustrato, acelerando procesos que suelen tardar más si solo se usan residuos sin potenciadores.
Cómo preparar tu fertilizante casero
Aunque hay varias formas, una de las maneras más recomendadas de aprovechar estas cáscaras es transformar la mezcla en un “té” nutritivo para tus macetas o huerta:
- Cortá las cáscaras de 3 a 4 bananas en trozos pequeños.
- Colocalas en una olla con 1 litro de agua y llevá a hervor durante unos minutos.
- Mientras la mezcla aún está caliente, disolvé una cucharada de azúcar.
- Dejá enfriar y luego diluilo con varias partes de agua. Limpiá antes de usarlo en tus plantas: así evitás que el suelo acumule sales o que insectos como hormigas se sientan atraídos













