Ojos rojos, irritados y con sensación de arena. Muchas personas lo atribuyen a una conjuntivitis o a una alergia estacional y no le dan más importancia.
Sin embargo, esos mismos síntomas pueden ser la primera manifestación de una enfermedad autoinmune que afecta la tiroides y que, si no se trata a tiempo, puede causar daño visual permanente.
La enfermedad ocular tiroidea, también conocida como oftalmopatía de Graves, es una condición autoinmune en la que el sistema inmune desencadena inflamación en la cavidad donde está el ojo, afectando los músculos que lo mueven y el tejido graso que está detrás.
Si bien se asocia más comúnmente con una tiroides hiperactiva, también puede desarrollarse en personas con función tiroidea normal o con una tiroides hipoactiva.
Por qué se confunde con una enfermedad común
En su etapa temprana, los síntomas son sequedad ocular, ligera hinchazón y enrojecimiento, que a menudo se confunden con problemas comunes como las alergias.
Ahí está la trampa: el diagnóstico se demora porque nadie asocia los ojos con la tiroides.
De forma paulatina, los pacientes pueden notar los ojos con sensación de sequedad y enrojecimiento, los ojos más “saltones” (exoftalmos), visión doble en ciertas posiciones de la mirada o bien cambios en el aspecto habitual de los párpados, ya sea mayor hinchazón o bien mayor apertura (retracción palpebral).
Las señales que no hay que ignorar:
- Ojos rojos sin causa aparente que no mejoran con colirio.
- Sensación persistente de arena o cuerpo extraño.
- Párpados que parecen más abiertos de lo habitual.
- Ojos que sobresalen levemente hacia adelante.
- Visión doble en ciertos ángulos.
- Sensibilidad a la luz y lagrimeo excesivo.
Los anticuerpos que atacan la glándula tiroides pueden también atacar la grasa y músculos alrededor de los ojos. Por eso la enfermedad puede aparecer antes, durante o después del diagnóstico tiroideo.
Qué pasa si no se trata a tiempo
La inflamación de la órbita puede durar de 6 meses a varios años antes de calmarse. Los efectos sobre los ojos pueden volverse permanentes, especialmente sin tratamiento.
El diagnóstico y el tratamiento precoces pueden reducir los síntomas y prevenir daños permanentes, como la pérdida de visión y los cambios estéticos.
El tabaquismo, así como ser fumador pasivo, empeora la severidad y prolonga la fase activa de la enfermedad ocular tiroidea. En este sentido, dejar de fumar es una de las primeras medidas que recomiendan los especialistas.
Ante cualquiera de esas señales en los ojos que no mejoran en una semana, la indicación es consultar con un oftalmólogo y solicitar además una evaluación de la función tiroidea. El diagnóstico temprano cambia el pronóstico.