Tomar mate es una costumbre instalada en casi toda la Argentina y gran parte de Sudamérica. Sin embargo, la ciencia recién ahora empieza a entender por qué esa infusión podría hacerle bien al cerebro.
Un equipo de la UBA, liderado por el biólogo Juan Ferrario, lleva más de veinte años investigando el vínculo entre la yerba mate y la enfermedad de Parkinson.
Qué encontró el investigador de la UBA
Ferrario dirige un laboratorio en el Instituto de Biociencias, Biotecnología y Biología Traslacional, conocido como iB3. Ahí estudia qué compuestos de la yerba actúan sobre las neuronas.
El foco está puesto en el ácido clorogénico, un polifenol antioxidante que representa el 40% de los compuestos químicos de la yerba mate.
Según explicó el investigador, ese ácido activa una molécula llamada AMPK, una enzima que funciona como sensor de energía en las células. Al activarse, dispara un proceso de limpieza celular conocido como autofagia.
Esa limpieza resulta clave porque el Parkinson avanza cuando muere un tipo específico de neuronas, las dopaminérgicas. Cuantas más sobreviven, más se retrasa la aparición de los síntomas.
Qué tan fuerte es la evidencia hasta ahora
Todo empezó en 2014, cuando un estudio en la Argentina detectó que las personas que tomaban mate de forma habitual tenían menos riesgo de desarrollar Parkinson. En ese momento no se sabía por qué.
Años después, en 2019, Ferrario publicó en la revista Movement Disorders un trabajo que mostró que los extractos de yerba mate prolongaban la vida de las neuronas dopaminérgicas en cultivo.
El paso más reciente lo dio junto a la doctora Irene Taravini, de la Universidad Nacional de Entre Ríos. En ratones, encontraron una protección del 12% frente a la muerte neuronal.
Estos son los puntos que el propio Ferrario remarca sobre su investigación:
- Los resultados en ratones todavía no se pueden extrapolar de forma directa a humanos.
- El mate no debe pensarse como un medicamento, sino como un hábito saludable más.
- Su efecto se suma a otros hábitos protectores, como dormir bien y hacer ejercicio.
- Parte del financiamiento proviene del Instituto Nacional de la Yerba Mate y del Conicet.
El propio investigador es cauto con las conclusiones. Aclaró que, si bien los indicios son auspiciosos, todavía falta camino antes de confirmar el mismo efecto en personas.
Mientras tanto, la costumbre de cebar mate sigue ganando terreno científico como un hábito que, además de social, podría sumar beneficios concretos para la salud del cerebro a largo plazo.