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En febrero de 1869, la localidad de Moliagul, en Victoria (Australia), se convirtió en noticia mundial.

Dos mineros, John Deason y Richard Oates, encontraron a pocos centímetros de la superficie una pepita de oro que cambiaría sus vidas: la famosa Welcome Stranger, considerada la pieza más grande jamás descubierta.

El hallazgo pesó 72 kilos y midió 61 centímetros de largo, una dimensión que sorprendió a los expertos de la época por su pureza.

La recompensa fue de 10.000 libras esterlinas, una cifra que permitió a los trabajadores salir de la pobreza extrema. Sin embargo, la historia no terminó con riqueza perpetua.

¿Qué pasó con la fortuna de los descubridores?

Más de 150 años después, los descendientes de Deason y Oates no conservan bienes ni dinero derivado de aquella jornada histórica.

Suzie Deason, tataranieta de uno de los protagonistas, reveló en una entrevista con la BBC que su familia vive sin lujos y que la asociación con la riqueza es solo un mito.

“Cuando escuchan mi apellido, todos preguntan dónde está el oro”, contó durante una ceremonia conmemorativa en Cornualles en 2019.

La realidad es que la fortuna se diluyó con el tiempo. La recompensa original alcanzó para mejorar la vida de los mineros, pero no para crear un patrimonio duradero. Hoy, la herencia se limita al reconocimiento histórico y a la presencia en homenajes.

¿Cuánto valdría hoy la pepita Welcome Stranger?

Si la pieza original se subastara en el mercado actual, su valor superaría los dos millones de dólares. Sin embargo, la pepita fue fundida poco después de su pesaje para facilitar la comercialización en lingotes.

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Una réplica exacta permanece en exhibición en el Museo Dunolly, donde turistas de todo el mundo visitan la región para conocer la historia.

Un hallazgo que marcó la minería mundial

El descubrimiento atrajo la atención de la prensa internacional y consolidó a Victoria como un polo minero clave en el siglo XIX.

El periódico local Dunolly & Bet Bet Shire Express dedicó una nota especial el 12 de febrero de 1869, destacando la perseverancia de los trabajadores. Hoy, la zona mantiene su atractivo turístico gracias a esta leyenda dorada.