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Griselda Alba tiene 14 años viviendo en General Pico, La Pampa, y hoy cobra una jubilación que, según cuenta, “no alcanza para nada”.

Para llegar a fin de mes, combina ese ingreso con trabajos de costura, lavado de ropa y albañilería.

De la necesidad a levantar su propia casa

Con el paso de los años, Griselda logró comprar un terreno y empezó a construir su vivienda con sus propias manos. Aprendió de albañilería lo necesario para hacer contrapisos, picar paredes y avanzar de a poco con la obra, y solo contrata ayuda cuando hay tareas que no puede resolver sola.

“De albañil aprendí a hacer muchas cosas. Cuando puedo hacerlo yo, lo hago. Y cuando hay algo que no puedo, tengo que pagarle a alguien para que me ayude”, indicó a enbocadetodoshd.

Todo lo que gana en sus otros trabajos, muchas veces, vuelve a invertirlo en materiales para seguir con la construcción. El proceso es lento, pero constante: cada peso extra se destina a avanzar un poco más.

En el mismo terreno ya logró levantar un departamento donde vive uno de sus hijos, y sigue construyendo un espacio adicional para otra de sus hijas y su nieto.

Es jubilada, costurera y albañil: “Con la jubilación no alcanza nada, levanté mi casa con mis propias manos”YouTube / En Boca De Todos HD

Costura, lavado de ropa y changas para completar el ingreso

Como la jubilación no cubre los gastos básicos, Griselda se levanta temprano para dedicarse a la costura y al lavado de ropa para terceros. No fija un precio cerrado por sus servicios: cada persona le paga lo que puede, y si alguien no tiene para pagarle, igual completa el trabajo.

Entre sus changas también se incluyen arreglos de ropa, remiendos y piezas tejidas al crochet, una técnica que sumó a sus oficios y que hoy comparte con un grupo de mujeres que fabrica frazadas para donar a otras familias de la zona.

  • Costura y arreglos de ropa
  • Lavado de ropa a mano para terceros
  • Tejido al crochet
  • Trabajos de albañilería en su propia vivienda

Vivo de la jubilación, pero no alcanza para nada. Entre la luz, los gastos de la casa y todo lo demás, llega un momento en que no sabés cómo hacer”, manifestó.

Una rutina que empieza antes del amanecer

Griselda arranca su día muchas veces a las cuatro o cinco de la mañana, para aprovechar las horas y sostener todos los frentes de trabajo a la vez. Su historia refleja una realidad que atraviesan buena parte de los jubilados del país: la necesidad de sumar changas u oficios adicionales para cubrir gastos que la jubilación, por sí sola, no alcanza a cubrir.

En su caso puntual, además recibe una tarjeta alimentaria como asistencia complementaria. Este tipo de programas conviven, en distintas provincias, con bolsones de mercadería que se entregan según la disponibilidad de cada municipio.

En ese sentido, distintos organismos provinciales y municipales suelen combinar asistencia alimentaria directa con tarjetas de uso específico, y el acceso a una u otra modalidad puede variar según el momento y los cupos disponibles en cada localidad.

Por eso, quienes reciben una jubilación mínima y necesitan un complemento suelen tener que reclamar activamente en las oficinas de acción social para no perder la continuidad de la ayuda.

Su testimonio pone en primer plano un fenómeno cada vez más frecuente entre los adultos mayores: la combinación de una jubilación insuficiente con changas y oficios manuales de todo tipo para poder sostener los gastos del día a día.