

El romero es una de las aromáticas más elegidas para tener en casa, tanto por su aroma característico como por su uso en la cocina. Sin embargo, buena parte de quienes lo cultivan terminan viendo cómo la planta se debilita o se seca sin entender bien por qué, algo que según los especialistas tiene una explicación puntual.
La experta en plantas Alexandra Manterola señaló que el error más frecuente es tener el romero dentro de la casa, en un lugar con poca luz. Aunque suele pensarse que se trata de una planta apta para interiores, en rigor es todo lo contrario: necesita exposición solar directa y prolongada para desarrollarse correctamente.
Para crecer sano, el romero necesita al menos entre 4 y 6 horas de sol directo por día, algo que explica por qué las macetas ubicadas en balcones o patios suelen dar mejores resultados que las que quedan en el interior de la vivienda, por más luminoso que parezca el ambiente.

El sustrato es otro punto clave. Al tratarse de una planta originaria de la cuenca mediterránea, está acostumbrada a suelos pobres, secos y con buen drenaje, por lo que rechaza la tierra pesada y compacta y requiere un sustrato que drene con rapidez. Lo recomendable es mezclar sustrato universal con arena gruesa, perlita o grava volcánica para lograr una base más suelta y aireada.
La humedad constante es otro enemigo silencioso de esta aromática: favorece la aparición de hongos, debilita las hojas y frena su crecimiento. Por eso, según explicó la especialista, el romero prefiere ambientes secos, ventilados y soleados, lejos de zonas con riego excesivo o poca circulación de aire.
En definitiva, entender que el romero es una planta mediterránea —y no una aromática de interior como suele creerse— es la clave para evitar los errores más habituales. Con suficiente sol, un sustrato bien drenado y sin excesos de riego, esta planta puede mantenerse sana y aromática durante todo el año.













