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Dormir la siesta es una costumbre habitual para muchas personas, especialmente a medida que pasan los años. Sin embargo, una investigación científica encontró que la frecuencia y las características de este descanso podrían estar relacionadas con el riesgo de desarrollar demencia en adultos mayores.

Un estudio publicado en The Journals of Gerontology: Series A, encontró una asociación entre las siestas frecuentes y un mayor riesgo de desarrollar demencia en adultos mayores.

La investigación analizó a 995 estadounidenses de 65 años o más y siguió su evolución durante un período de hasta 10 años. Si bien los resultados no demuestran que dormir la siesta provoque demencia, sugieren que determinados patrones del sueño podrían funcionar como una señal de alerta o un “pase de factura” al cerebro.

¿Qué descubrió el estudio sobre dormir la siesta todos los días?

El trabajo utilizó datos del National Health and Aging Trends Study de Estados Unidos. Durante 2013, año en que se dio inicio al seguimiento, los participantes no presentaban demencia posible o probable según el sistema de clasificación utilizado por los investigadores.

Los resultados mostraron que quienes dormían la siesta la mayoría de los días, o todos los días, presentaban un riesgo estimado de desarrollar demencia un 48% mayor que quienes no dormían siestas.

Los resultados fueron ajustados por factores demográficos, condiciones de salud y características del sueño nocturno.

Los resultados mostraron que quienes dormían la siesta la mayoría de los días, o todos los días, presentaban un riesgo estimado de desarrollar demencia un 48% mayor que quienes no dormían siestas. (Foto: Shutterstock)
Los resultados mostraron que quienes dormían la siesta la mayoría de los días, o todos los días, presentaban un riesgo estimado de desarrollar demencia un 48% mayor que quienes no dormían siestas. (Foto: Shutterstock) Shutterstock

En el transcurso del proceso de seguimiento que se llevó a cabo, un total de 417 participantes —el 41,9% de la muestra— fueron clasificados con demencia posible o probable. Cabe destacar que los investigadores no encontraron una asociación estadísticamente clara entre las siestas ocasionales y el desarrollo de esta afección.

Por qué las siestas involuntarias también llamaron la atención de los investigadores

El estudio también encontró que quedarse dormido durante el día sin proponérselo estaba asociado con un riesgo estimado de demencia un 39% mayor. Esta categoría se refiere a dormirse involuntariamente en lugar de planificar un descanso.

Otro resultado indicó que las siestas de 30 minutos o menos estaban asociadas con un riesgo estimado un 40% mayor. En cambio, la asociación con las siestas de más de 30 minutos se debilitó cuando los investigadores incorporaron variables relacionadas con el sueño.

Estos resultados no significan que las siestas cortas sean perjudiciales por sí mismas ni que haya que evitarlas. Si bien el trabajo identificó asociaciones estadísticas, al momento no permite establecer que la duración o la frecuencia de la siesta sean la causa determinante de la demencia.

Dormir la siesta y la demencia: qué significa el hallazgo y cuáles son sus límites

Los investigadores señalaron que las siestas frecuentes podrían ser un indicador de cambios cerebrales, y no necesariamente la causa de esos cambios.

La relación también podría funcionar en el sentido opuesto: algunas alteraciones vinculadas con la demencia pueden afectar los mecanismos que regular el estado de alerta y aumentar el sueño durante el día.

En este contexto, es fundamental interpretar los resultados con cautela, ya que los hábitos de siesta se informaron mediante declaraciones de los participantes y la demencia se identificó con un algoritmo validado, en lugar de contar con una evaluación médica individual que confirmara cada diagnóstico.

Por esta razón, para determinar si el cambio de los hábitos de sueño diurno podría prevenir o retrasar la aparición de la demencia, será fundamental -de acuerdo al análisis de los autores- llevar a cabo aún más investigaciones.