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Hoy alcanza con escribir una instrucción en un chatbot para obtener un texto en pocos segundos. Hace tres siglos, esa posibilidad pertenecía solo a la fantasía.

De hecho, en 1726, Jonathan Swift imaginó una máquina que combinaba palabras para producir frases y que, según su creador ficticio, podía servir para escribir libros de cualquier disciplina.

El artefacto aparece en Los viajes de Gulliver, una novela conocida por sus aventuras, pero también por las críticas que el escritor dirigió a la sociedad de su tiempo.

En una de sus partes, el autor lleva a su protagonista hasta un lugar donde investigadores persiguen ideas extravagantes y uno de ellos intenta convertir la escritura en una tarea mecánica.

El Motor de Lagado, la máquina que prometía escribir libros

La máquina aparece en la tercera parte de Los viajes de Gulliver, durante la visita del protagonista a la Academia de los Proyectistas de Lagado. Allí, un profesor le muestra un dispositivo con el que pretende generar material escrito mediante la combinación de palabras.

La estructura consistía en un armazón de madera de aproximadamente seis metros por lado, con pequeñas piezas sujetas por alambres.

Cada una llevaba palabras en distintas formas gramaticales, distribuidas de manera azarosa. Al accionar las palancas, los bloques se movían y generaban nuevas combinaciones. El objetivo era identificar entre ellas alguna frase con sentido y utilidad.

El proyecto tenía una ambición considerable: reunir suficiente material para escribir sobre todas las artes y las ciencias. En la lógica del inventor, el procedimiento permitiría producir libros sin depender de los conocimientos ni del talento de quien los escribiera.

De todas formas, el mecanismo no funcionaba sin intervención humana. En el capítulo V, el autor explica que 40 estudiantes trabajaban seis horas por día para examinar las combinaciones.

Treinta y seis estudiantes buscaban frases entre las palabras, mientras otros cuatro anotaban las combinaciones. Después, giraban las manivelas para cambiar las piezas y repetían el proceso.

El profesor ya había reunido varios volúmenes de frases incompletas y quería usarlos para crear una obra sobre el conocimiento humano.

Primera portada del libro.Picasa

Qué relación tiene el invento con ChatGPT

El Motor de Lagado suele compararse con la inteligencia artificial generativa porque ambos plantean la posibilidad de producir textos mediante procesos automatizados.

La semejanza, sin embargo, termina con ese punto general: los mecanismos son diferentes.

La máquina reorganizaba palabras mediante piezas móviles y dependía de sus operadores para identificar las combinaciones que parecían aprovechables.

Los modelos de lenguaje actuales se entrenan con grandes cantidades de datos y aprenden patrones estadísticos que utilizan para generar secuencias de texto.

En el caso del Motor, la selección de frases estaba explícitamente en manos de los estudiantes. En los sistemas actuales, la generación del texto es mucho más sofisticada, pero la verificación de los datos sigue siendo una tarea necesaria.

La comparación permite analizar una cuestión común a ambos casos: producir una secuencia lingüística no equivale, por sí solo, a demostrar que contiene información verdadera o un aporte original.

¿Se pueden escribir libros con ChatGPT?

Sí. ChatGPT permite desarrollar tramas, redactar capítulos, crear personajes y revisar manuscritos, aunque el grado de intervención humana varía según el proyecto.

Un ejemplo es Alice and Sparkle, el libro infantil creado por Ammaar Reshi en 2022 con ayuda de ChatGPT para el texto y Midjourney para las ilustraciones.

También existen obras experimentales, como Pharmako-AI, de K Allado-McDowell, desarrollada en colaboración con el modelo GPT-3.

Alice and Sparkle, libro escrito con ayuda de ChatGPT.Wikimedia

ChatGPT puede escribir textos, pero no garantiza que sean correctos

La documentación oficial de OpenAI advierte que ChatGPT puede generar respuestas incorrectas o engañosas, incluso cuando las presenta con seguridad. Entre los errores posibles figuran las fechas equivocadas, las definiciones inexactas y las referencias bibliográficas o citas que no existen.

Esta limitación resulta relevante cuando se utiliza la herramienta para escribir libros, desarrollar investigaciones o elaborar textos periodísticos. Aunque el sistema puede ayudar a construir una narración, ordenar ideas y redactar capítulos, el resultado necesita una revisión que contraste los datos con fuentes confiables.

OpenAI explica este problema en su artículo oficial ¿ChatGPT dice la verdad?