El circuito de la Garganta del Diablo, el paseo más emblemático de las Cataratas del Iguazú, podría desaparecer temporalmente del mapa turístico.
Ante el riesgo de una crecida extraordinaria del río Iguazú, la empresa concesionaria Iguazú Argentina S.A. solicitó desmontar por completo las pasarelas del recorrido para evitar que una nueva inundación provoque daños millonarios, como ocurrió en episodios anteriores.
El pedido formal fue presentado ante la Intendencia del Parque Nacional Iguazú y contempla iniciar las tareas el próximo 1 de agosto, con un plazo estimado de un mes para retirar toda la infraestructura antes del pico de crecida previsto para septiembre.
Si el cronograma avanza según lo planificado, el circuito recién volvería a estar operativo hacia diciembre, luego de los trabajos de reparación y reconstrucción.
La decisión está vinculada a pronósticos que anticipan un escenario extremo para la cuenca del río Iguazú, con la posibilidad de alcanzar niveles similares o incluso superiores a los registrados durante las grandes crecidas históricas de la región.
La amenaza que encendió las alarmas: una crecida que podría superar récords históricos
En los últimos días, el aumento del caudal del río Iguazú ya obligó a cerrar el acceso a la Garganta del Diablo como medida preventiva. El agua llegó a registrar unos 9.190 metros cúbicos por segundo y los operarios debieron rebatir las barandas de seguridad para reducir el riesgo de daños en la estructura.
Sin embargo, la principal preocupación está puesta en lo que pueda ocurrir durante septiembre.
Los especialistas advierten que el caudal podría superar ampliamente los registros de 2022, cuando una crecida de más de 23.000 metros cúbicos por segundo destruyó más de la mitad de las pasarelas del circuito.
El antecedente más extremo ocurrió en 2013, cuando el río Iguazú alcanzó una marca superior a los 45.000 metros cúbicos por segundo, una de las mayores crecidas de las últimas décadas. Ese evento dejó en evidencia la vulnerabilidad de la infraestructura turística frente a fenómenos naturales de gran magnitud.
Las proyecciones actuales relacionan este posible escenario con la influencia del fenómeno de El Niño, que suele generar lluvias intensas en la cuenca alta del río Iguazú, ubicada en territorio brasileño. Ese exceso de precipitaciones provoca una onda de crecida que avanza hacia la zona de las Cataratas y eleva rápidamente el nivel del agua.
El plan para salvar las pasarelas de la Garganta del Diablo: desmontaje, reparación y reapertura
Ante el riesgo de una crecida extraordinaria, Iguazú Argentina S.A. presentó un plan preventivo para retirar completamente la estructura del circuito más famoso del Parque Nacional Iguazú.
El cronograma establece tres etapas principales:
- Desmontaje preventivo (agosto-septiembre): retiro de las pasarelas y elementos del circuito de la Garganta del Diablo antes del avance de la crecida.
- Reacondicionamiento (octubre-noviembre): evaluación de daños, reparación y reinstalación de la infraestructura.
- Reapertura prevista (diciembre): regreso del paseo turístico si las condiciones climáticas y los trabajos avanzan según lo previsto.
El objetivo es evitar que la fuerza del agua destruya nuevamente las estructuras, como sucedió en 2022, cuando la crecida provocó importantes daños y obligó a realizar una reconstrucción integral.
Argentina y Brasil activaron un monitoreo especial para anticipar la llegada del agua
Para mejorar los pronósticos y tomar decisiones con mayor anticipación, las autoridades del Parque Nacional Iguazú y la empresa concesionaria trabajan junto con la Compañía Paranaense de Energía (Copel), operadora de represas ubicadas en la cuenca alta del río Iguazú en Brasil.
El acuerdo busca establecer un seguimiento en tiempo real del comportamiento del río y contar con información más precisa sobre la evolución del caudal. La coordinación con Brasil resulta clave porque gran parte de las lluvias que impactan en las Cataratas se producen aguas arriba y tardan horas o días en trasladarse hacia la zona de los saltos.
Con este sistema de monitoreo, las autoridades esperan anticiparse a posibles escenarios extremos y definir medidas preventivas antes de que el agua alcance niveles capaces de afectar la infraestructura turística.
Por ahora, la Garganta del Diablo permanece bajo vigilancia y su futuro inmediato dependerá de la evolución del río durante las próximas semanas.