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Jorge Luis Borges: el rey Midas que todo lo convirtió en oro

"Lo importante en Borges es su emocionalidad, su capacidad de animar con fuerza propia el pasado, los detalles del presente, los pensamientos, la expresión de un mundo imantado por esa carga de sensibilidad", dice el autor sobre el intelectual más influyente de la historia, según los encuestados.

Jorge Luis Borges: el rey Midas que todo lo convirtió en oro

Borges fue el rey Midas, todo lo que tocó lo convirtió en oro. Su clave no es la erudición ni la cultura, ella es una característica secundaria a la que cierta admiración queda enganchada por error. Lo importante en Borges es su emocionalidad, su capacidad de animar con fuerza propia el pasado, los detalles del presente, los pensamientos, la expresión de un mundo imantado por esa carga de sensibilidad. No es un ser cerebral, un hombre de los libros y de la cultura alejada de las cosas. Borges es un humorista imaginativo, un rockero literario, y fue su extrema informalidad y potencia la que lo hizo tener esta capacidad de dar vida a los muertos.

Borges resucitó muertos, o vivió en una realidad en la que éstos no existen. Vivos están para él los guerreros de otras época, vivas las ideas ya lejos de sus cuerpos de origen, vivas en palabras precisas las emociones más allá de todo tiempo. Borges es una gran inteligencia (gran inteligencia es siempre gran emocionalidad) que disfruta de su superioridad disimulándola un poco y goza sutilmente a los que no pueden tanto y adoptan imposturas para simular que sí. (Hay que leer el extenso y sensacional diario "Borges" de Bioy Casares). Y también su humildad es real, mera conciencia de las limitaciones humanas y de la existencia del azar que las distribuye y que en tantos sentidos lo favoreció.

Difícil no ser enamorado por Borges, porque su estilo muestra otro lenguaje dentro del nuestro, porque deslumbra con su capacidad de ver un mundo notable ahí donde conciencias menos sensibles no vemos tanto. Tanta es su potencia al comunicar sus modos y temas que su estilo se pega a todo el que lo frecuente: no es por afán de imitación, es porque uno se vuelve habitante de ese universo suyo, capturado por una sensibilidad que integra siglos.

Observador hechizado

Borges es un autor épico, que lee nuestro mundo moderno e intimista con la resignación de quien está fuera de escena y añora las grandes sensibilidades clásicas. Borges es un débil hombre enfermo que acepta ser eco de fuerzas perdidas, que escondido en la literatura vive en el mundo de amores y caricias que le fue negado, como un excluido de heroicidades de las que nunca fue capaz, o para las que no tuvo ocasión. Borges es un ciego que ve lejos, un observador hechizado por la forma que en ausencia de luz capta vacíos y llenos de afectos inmensos. Son varios los malentendidos que lo enmarcan: lo suyo no es cultura, es sensibilidad desbordante; no es cerebral, es piel plena de sentido; no es inteligencia, es genio.

El Messi de la literatura, un talento tan aplastante y natural que no admite cuestionamiento serio, una capacidad perceptiva que desafía constantemente al mundo sin vida de las letras para volver a animarlo y darle aire y realidad.

No cabe análisis formal de su obra, o cabe sólo con esfuerzo, con una distancia que sus escritos permiten pero con la que se los traiciona. Más allá de su apariencia de hombre titubeante y débil hay una fuerza decidida, refinada y abarcativa, un hombre antiguo que nació en Buenos Aires, para nuestro bien.