

Cuando el veterano corresponsal del Times, William Howard Russell, fue a la guerra, su equipamiento incluía gorro de oficial, botas con espuelas y un sable. En los 150 años que han transcurrido desde que Russell mandara sus crónicas desde Balaclava, en la guerra de Crimea, los periodistas han cubierto conflictos ataviados de diferentes maneras: casco, chaquetas de aviador, o, más recientemente, camuflaje de desierto.
Mientras que el padre de los corresponsales de guerra contaba con el correo a caballo y en barco de vapor para enviar sus crónicas, la cobertura informativa de hoy día, de Bagdag a Beslan, se ha revolucionado con la introducción de cámaras wireless, videoteléfonos vía satélite y conexión a Internet de banda ancha.
A pesar de ello, a los corresponsales en la guerra de Crimea no les extrañarían las restricciones informativas de los periodistas en Irak. Russell, cuyas crónicas le reportaron la enemistad del ejército británico, se enfrentó a una limitación similar a la que imponen las 19 categorías informativas prohibidas por el Pentágono.
Un estudio sobre la guerra de Irak concluyó que los planificadores militares estadounidenses consideran a los reporteros como una parte integrante de la operación bélica. “El Pentágono contempló el ‘empotramiento’ como parte de una estrategia muy bien planificada de coordinación entre los medios y las psy-ops (acciones para influir en la percepción de las acciones bélicas) , afirma el estudio.
Por otro lado, las críticas a los medios denuncian que hubo muchos errores en la cobertura del conflicto iraquí. Los años de recortes presupuestarios en algunos medios provocaron que quedaran muy pocos corresponsales capaces de procurar análisis adecuados.
Desinformación
Los medios expresaron también su insatisfacción respecto de cómo se controlaba la información desde las autoridades militares. Muchos de los editores dependían básicamente de la información del empotrado, ya que la información que ofrecía el centro de comunicaciones de las fuerzas aliadas era escasa y contradictoria.
Como conclusión, se puede decir que, de Crimea a Irak, no han cambiado demasiadas cosas en la labor de estos testigos visuales de las guerras. Lo que ha evolucionado ha sido el exagerado volumen que ha alcanzado este tipo de información, gracias a los avances tecnológicos y a los presupuestos multimillonarios con los que cuentan. “¿Logramos alguna ganancia de esta inversión tan cuantiosa? , se pregunta Chris Cramer, de CNN Internacional. “Nosotros cubrimos la historia lo mejor que podemos, ése es nuestro beneficio .










