Prácticamente no merece discusión que uno de los pilares sobre los que se asientan las posibilidades de crecimiento de un país está íntimamente relacionado con el nivel de educación que puede alcanzar su población.

Para los sectores más preparados en las ciencias y el conocimiento un indicador irrefutable lo representa haber obtenido un Premio Nobel, como ha ocurrido en nuestro país con Bernardo Houssay (1947 - Fisiología y Medicina), Luis Federico Leloir (1970 – Química) y César Milstein (1984 - Fisiología y Medicina), pero también en el campo de la paz nuestro país ostenta los premios Nobel obtenidos por Carlos Saavedra Lamas (1936) y Adolfo Pérez Esquivel (1980).

También poseemos algunos ejemplos de ciudadanos que alcanzaron la cumbre en su rama de la ciencia como es el caso de nuestro reconocido Dr. René Favaloro, "un médico rural" como le gustaría que lo llamaran, que llegó a lo más alto en la medicina coronaria a nivel mundial con su tratamiento de Bypass.

Pero también en los sectores medios de la sociedad es deseable una población con un buen nivel de educación porque eso posibilita acceder a mejores trabajos lo que acompañado de un contexto favorable se transforma en un circulo virtuoso donde la mejor formación de la población atrae inversiones de empresas con alto valor agregado lo que se traduce en altas rentas, que tributan altos impuestos.

Y ahora vayamos a los impuestos. Un niño que en nuestro país comienza con su etapa de desarrollo intelectual debe ir al colegio para lo cual debe comprar como mínimo lápices de colores, una cartuchera, un cuaderno, una mochila y algunos elementos más.

Todos esos elementos se encuentran gravados por el IVA con una alícuota del 21%... Nuestro país le cobra el IVA a la necesidad de formarse intelectualmente a los niños desde el primer momento cuando pisan una escuela..!!.

También es justo señalar que los libros de texto como todos los libros se encuentran exentos de IVA conforme lo dispone el art. 7 inc a) de la propia ley del gravamen.

Ahora bien ¿por qué tendremos estas contradicciones?... El libro está bien que se encuentre exento de IVA, pero por qué no eximir también los artículos de librería que deben usar los alumnos para el colegio?

Una impresora color está gravada en el IVA con una alícuota reducida del 10,5%. No sería más coherente gravar a las impresoras con una alícuota del 21% y eximir los artículos de librería que deben usar los estudiantes, por ejemplo un lápiz?

Si la impresora la adquiere una empresa responsable inscripta en IVA ese IVA que paga por la compra será un crédito fiscal que se descontará del IVA que cobra a los consumidores finales por los bienes que vende, con lo cual no hay un efecto recaudatorio de peso en estos casos, es decir que el verdadero efecto económico lo soportan los consumidores finales.

Y priorizamos una impresora color por sobre unos lápices y cuadernos? ¿Cuánta recaudación impositiva se perdería?...

Estos son debates que deben dar nuestros legisladores porque ¿qué sentido tiene reducir la alícuota del IVA de una impresora color y gravar con el 21% un cuaderno escolar?

Parecería ser que nos quedamos a mitad de camino…

Mientras cuadernos y lápices quedan gravados siendo elemental

No podemos seguir cobrando IVA como un instrumento de "peaje al conocimiento".

Porque así como están las cosas, para los libros sí hay una exención, mientras los lápices, los cuadernos, las hojas de carpeta, las mochilas y otros útiles escolares no gozan de dicha dispensa.

Esperemos que esto sea un error que merezca ser corregido, porque hasta ahora parecería darse el caso de que los consumidores finales al no poseer nadie que los represente no pueden hacer oír su voz, en contraposición a lo que seguramente habrán hecho en algún momento las empresas editoriales, con el objeto de lograr que se eximan de IVA a los libros…

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El Dr. Mario Juan Rapisarda es Contador Público Nacional graduado en la UNLZ, especialista en temas tributarios