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Wall Street empezó 2026 con una lectura más fina, y menos ideológica, sobre la Argentina. Los dos últimos informes de JP Morgan y Bank of America (BofA) muestran un cambio claro en el enfoque, pues ya no se debate si el programa económico es viable, sino cómo posicionarse dentro del mercado local de pesos, qué instrumentos elegir y qué riesgos siguen latentes.
El diagnóstico común parte de un punto concreto en el tiempo. Tras un 2025 de correcciones fuertes, pero también de inflación en baja, cambio de régimen monetario, reordenamiento fiscal y un mercado local que volvió a emitir deuda en pesos, los grandes bancos de inversión empezaron a mirar a la Argentina como un mercado “operable”, aunque todavía con limitaciones estructurales.
El diagnostico de JP Morgan
El informe Argentina: A Local Markets Guide for the New Year pone el foco en la evolución del mercado de deuda doméstica. Para el gigante, el principal avance es la reducción sostenida de la dependencia de instrumentos indexados.
A fines de 2023, prácticamente todo el stock de deuda en pesos ajustaba por inflación o tipo de cambio. Un año después, esa proporción cayó a alrededor del 60%, con un mayor peso de emisiones a tasa fija, dice el banco.
El cambio no es solo de composición, sino también de plazos. Según JP Morgan, el Tesoro logró extender la duración promedio de la curva en pesos hasta 3,6 años, desde los 2 años que predominaban antes del cambio de administración. Los bonos CER concentran los vencimientos más largos —hasta seis años—, pero la aparición de BONTE a cinco años marca, para el banco, un avance relevante en el segmento nominal, aun cuando la duration efectiva de la tasa fija sigue siendo corta.
El informe es explícito en marcar los límites. A pesar de estos progresos, la deuda local argentina todavía no cumple los requisitos para ingresar a los grandes índices de mercados emergentes en moneda local, como el GBI-EM. Las exclusiones por estructura, es decir, bonos capitalizables, amortizables, flotantes o con opciones, sumadas a restricciones de tamaño, liquidez y controles de capital, le ponen freno a los grandes flujos pasivos.
En términos de estrategia, JP Morgan adopta una postura táctica. El banco compara rendimientos “all-in” entre los distintos instrumentos del mercado y se inclina por la tasa fija de corto plazo. En ese marco, mantiene una posición vendida en NDF USD/ARS, (esta estrategia implica apostar a que el tipo de cambio se mantendrá estable o subirá menos de lo que descuenta el mercado y capturar la diferencia a favor en pesos) a tres meses y ve valor en lecap cortas.
El argumento concreto es que, tras la sorpresa inflacionaria de diciembre, el Gobierno convalidó tasas más altas en el corto plazo, lo que abre margen para que las estrategias de carry trade superen al mercado si el tipo de cambio se mantiene estable.
El informe de este jueves de la Consultora 1816 también plantea una estrategia similar. “Con la curva de tasa fija en pesos tan invertida y las dudas sobre qué ocurrirá con las tasas a 1 día en el corto plazo, hay que tener mucha convicción para alargar duration”, reza la consultora de la City.
Y agrega: “Preferimos las Lecap más cortas o aquellas con vencimiento en mayo o junio 2026. La tasa a 1 año debería ser menor a 2,5% TEM en mayo de este año para preferir un Boncap T30A7 por sobre la Lecap S29Y6″, dice 1816.
Sobre el frente cambiario, el JP Morgan subraya la resiliencia del peso. A pesar de las compras significativas de dólares del Banco Central, el banco de inversión no identifica una necesidad inminente de devaluación.
La volatilidad de fines de 2025 es leída como un fenómeno electoral y de dolarización preventiva ya se revirtió. Como dato duro, el banco señala que las compras de activos externos del sector privado no financiero cayeron a u$s 1100 millones en noviembre, muy lejos de los u$s 6000 millones mensuales observados en los meses previos.
Desde el punto de vista macro, el diagnóstico es relativamente benigno. El déficit de cuenta corriente proyectado para 2026 ronda el 1,2% del Producto Bruto Interno (PBI), un nivel que el banco considera manejable.
A eso se suma una corrección del tipo de cambio real efectivo cercana al 20% desde los mínimos de abril, que empieza a reflejarse en una mejora marginal del balance comercial y de servicios. Emisiones corporativas y una buena cosecha aparecen como fuentes adicionales de oferta de dólares para los próximos meses.
La mirada del Bank of America
El informe del BofA parte de una lectura distinta del mismo mercado. Para la entidad, el rally de los bonos a tasa fija en pesos ya está mayormente agotado. El trade dominante de los últimos meses, BONTE, dejó poco margen adicional, y el valor relativo pasó a estar en los instrumentos ajustados por inflación.
La recomendación concreta es el BONCER 2027, con rendimientos reales en torno al 9,6%. Para BofA, esos niveles son elevados y transitorios.
El banco destaca que, en el último mes, los bonos CER quedaron rezagados frente a los nominales, lo que comprimió el breakeven inflacionario hacia la zona del 14%. Ese movimiento, según su análisis, ya está incorporado en precios y abre una ventana para capturar tasas reales atractivas antes de una normalización.
La suba reciente de las tasas reales no es atribuida a un deterioro del programa económico. BofA la explica por factores técnicos y estacionales: una demanda de dinero inusualmente alta entre diciembre y comienzos de febrero, bajos niveles de liquidez del Tesoro y la necesidad de rolear deuda en pesos en un contexto de pagos externos relevantes.
A medida que esas tensiones se disipen, el banco espera una compresión de los rendimientos reales, históricamente correlacionados con la performance de los bonos soberanos en dólares.
En el plano macro, la visión es constructiva, aunque con ajustes. El BofA elevó su proyección de inflación para 2026 al 20% anual, desde un 16% previo. El cambio responde a una mayor prioridad del Banco Central por acumular reservas, lo que podría ralentizar la desinflación en el margen.
Aun así, para el primer trimestre el banco estima registros mensuales cercanos al 2%, un nivel que, según ese análisis, favorece a los instrumentos indexados frente a los nominales.
Un punto clave del informe es la lectura cambiaria. A contramano del consenso, BofA se muestra menos preocupado por una eventual sobrevaluación del peso. Argumenta que el cambio de régimen macroeconómico y el retorno al superávit en la balanza de bienes y servicios permiten sostener un tipo de cambio real más fuerte que en el pasado. Bajo ese escenario, considera razonable mantener exposición en pesos sin cobertura cambiaria, especialmente en bonos CER de duration media.
Leídos en conjunto, los informes de J.P. Morgan y Bank of America muestran una coincidencia central: la Argentina dejó de ser un trade binario. El foco ya no está en si el programa “sale o no sale”, sino en la microestructura del mercado, en la pendiente de la curva y en la selección de instrumentos.
J.P. Morgan privilegia el corto plazo nominal y el carry trade, con una mirada cauta pero, funcional sobre el tipo de cambio. Bank of America, en cambio, apuesta a que el rally de tasa fija ya ocurrió y que el próximo movimiento es una compresión de tasas reales, con valor en los CER.
Ambos coinciden en algo más relevante y es que para Wall Street, el mercado argentino volvió a ser analizable con herramientas financieras estándar. Todavía chico, todavía imperfecto, pero otra vez dentro del radar.