Estados Unidos supervisará y aprobará los pagos a Venezuela provenientes de las ventas de petróleo a través de una cuenta offshore en Catar, mientras Washington define cómo pretende gestionar los asuntos en Caracas tras la captura de Nicolás Maduro.
El secretario de Estado, Marco Rubio, admitió que el esquema —según el cual Venezuela enviará a Washington planes de gasto para esta porción de su ingreso nacional— era una solución rápida “novedosa” mientras la administración se familiarizaba con la supervisión de los asuntos del país.
Pero prometió que sería “temporal” y que permitiría que los ingresos petroleros se gasten en Estados Unidos, en lugar de beneficiar a Rusia o China.
El plan generó cuestionamientos entre demócratas de alto rango durante una audiencia del Comité de Relaciones Exteriores del Senado el miércoles, donde algunos dudaron de su legalidad y transparencia.
En su primera comparecencia desde que tropas estadounidenses capturaron a Maduro el 3 de enero, Rubio dijo que las sanciones de EE.UU. sobre Venezuela habían obligado a usar una cuenta de terceros para evitar que acreedores con deudas derivadas de incautaciones de activos estadounidenses en Venezuela presentaran reclamos legales sobre los fondos petroleros.
Venezuela tiene un stock de hasta 50 millones de barriles de crudo sancionado, que no pudo vender después de que la fuerza naval estadounidense que el presidente Donald Trump envió el año pasado al Caribe bloqueó el acceso a la “flota en la sombra” de petroleros, utilizada para enviar el crudo a Asia y venderlo en el mercado negro.
Venezuela llegó a recibir apenas u$s 20 por barril por ese petróleo. El nuevo esquema estadounidense —implementado para canalizar los fondos derivados de ese crudo— permitirá al país sudamericano vender su petróleo a precios de mercado.
Según el esquema, que mantiene las sanciones estadounidenses como mecanismo de presión sobre el gobierno, Venezuela “presentará todos los meses un presupuesto de ‘esto es lo que necesitamos financiar’. Nosotros les indicaremos de antemano para qué no puede usarse ese dinero [del petróleo]”, dijo Rubio.
Tras la captura de Maduro, Trump prometió que Estados Unidos “dirigiría” a la nación rica en petróleo.
Rubio afirmó que el gobierno encabezado por Delcy Rodríguez había sido “muy cooperativo en este sentido. De hecho, se comprometieron a usar una parte sustancial de esos fondos para comprar medicamentos y equipos directamente a Estados Unidos”.
Ya se realizó un pago de u$s 300 millones a Caracas “porque tenían que pagar salarios”, dijo, aunque alrededor de u$s 200 millones todavía permanecen retenidos en Catar.
El esquema se refiere a los ingresos por la venta de petróleo, pero el gobierno venezolano recibe otros ingresos —por impuestos, derechos aduaneros y minería ilegal de oro, por ejemplo—.
Chris Sabatini, investigador principal para América Latina en Chatham House, un think tank, señaló que Rubio había reconocido que se trataba de un “plan improvisado” y remarcó que hay “muchas preguntas que deben responderse”.
Rubio admitió que el plan fue diseñado apresuradamente para garantizar que “los ingresos petroleros… del petróleo sancionado beneficien al pueblo venezolano y no financien el sistema que existía en el pasado”.
Agregó: “Entiendo que es novedoso, pero es lo mejor que pudimos idear en el corto plazo”.
Rubio dijo que la cuenta en Catar eventualmente pasará a ser una cuenta del Departamento del Tesoro de Estados Unidos y que los pagos serán auditados, aunque no dio plazos.
“Este no va a ser el mecanismo permanente”, afirmó.
El Estado del Golfo ha albergado negociaciones en el pasado entre Estados Unidos y Venezuela y mantiene buenas relaciones con ambos gobiernos.
Rubio sostuvo que EE.UU. está avanzando tras el “paraíso de gánsteres” que, según dijo, prevalecía bajo el régimen de Maduro. El ex hombre fuerte está detenido en Estados Unidos a la espera de juicio por cargos de narcotráfico y armas.
El funcionario elogió al gobierno venezolano por trabajar de manera constructiva con EE.UU., incluso a través de una nueva ley de hidrocarburos para revertir un cuarto de siglo de predominio estatal y abrir el sector petrolero del país socialista a empresas privadas.
“No va a ser que, de un día para el otro, todo se dé vuelta de la noche a la mañana”, dijo Rubio. “Pero creo que estamos logrando avances buenos y decentes. Es el mejor plan”.
Rubio dijo a los senadores que la administración no “tiene la intención ni espera” tener que usar la fuerza en Venezuela, aunque señaló en una presentación escrita —que no leyó— que Estados Unidos está “preparado para usar la fuerza para garantizar la máxima cooperación” si otras formas de cooperación con el gobierno fracasan.
