Juegos Olímpicos: el mundo mira a Londres

La organización de los Juegos Olímpicos es un momento significativo en la vida de cualquier ciudad. En el pasado, han sido eventos que resultaron una "presentación ante el mundo" para lugares como Tokio, en 1964; Seúl, en 1988 o Barcelona, en 1992. La Olimpíada de Londres también es causa de celebración.
La capital del Reino Unido es la única ciudad que ha recibido tres veces los Juegos. La primera vez fue en 1908, en el momento culminante de la pompa imperial británica. Cuarenta años después, los Juegos Olímpicos volvieron a una ciudad que todavía estaba recuperándose de los bombardeos. Este año, el circo olímpico visita otra vez una ciudad que ya no está marcada por la guerra, pero cuyo centro financiero de relevancia mundial ha sido devastado por una crisis que dura desde hace cinco años.
Se habla mucho ahora de los "Juegos de la austeridad". Pero los londinenses deben conservar su sentido de la proporción y recordar lo difíciles que eran las cosas en la última Olimpíada de Londres, en 1948, cuando el racionamiento de comida era tan estricto que los atletas dependían de la carne de ballena y caballo para consumir proteínas. El gobierno se vio obligado a aliviar las normas para los competidores, y los clasificó a la par de trabajadores manuales de vital importancia, como los mineros, a los que se le permitía adquirir comida equivalente a 3.900 calorías diarias, en lugar de las normales 2.600.
Esta vez no habrá privaciones para los competidores mientras buscan la excelencia deportiva y la gloria del oro olímpico. En las próximas semanas, el mundo puede esperar un grandioso espectáculo deportivo, repleto de drama y logros humanos.
Los preparativos para los Juegos y los Paralímpicos han sido verdaderamente hercúleos. Más de 9.000 millones de libras (u$s 14.172 millones) se usaron en las instalaciones, la seguridad y la infraestructura de transporte. Más allá de lograr un evento exitoso, existe la obvia necesidad de lograr un legado que justifique la colosal inversión. Parte de la idea original de llevar los Juegos a Stratford fue la de renovar un distrito de Londres que estaba decaído.
Con algunas excepciones, notablemente la del futuro del propio estadio olímpico, cabe esperar que un nuevo distrito residencial y comercial pueda surgir del Parque Olímpico. Y, aunque el presupuesto trepó enormemente a partir de la poco realista estimación original de 2.400 millones de libras, los organizadores por lo menos gastaron un poco menos de la cifra revisada de 9.300 libras, fijada hace cinco años.
Estos no serían juegos "británicos" si no hubiera protestas por las molestias, la dificultad para obtener entradas y la exagerada comercialización. El desastre de la agencia de seguridad G4S, la introducción de carriles especiales para competidores y funcionarios olímpicos, y las mezquinas restricciones impuestas por la "policía de marcas" que protege a empresas como Coca-Cola y McDonald's han moderado el entusiasmo. Los sindicatos que amenazaron con causar problemas en el sistema de subterráneos y en los controles de inmigración del aeropuerto también dejaron un gusto amargo.
Londres no sería la primera ciudad que empieza a apreciar el evento recién cuando la llama olímpica está encendida. Esto ocurrió en los Juegos de Sydney, en 2000, que luego fueron considerados entre los más exitosos.
Es importante recordar que los Juegos de este año se obtuvieron tras una feroz competencia que incluyó a los francesas. Tras haber puesto el esfuerzo y el dinero, ciertamente es hora de que la nación disfrute de la fiesta.

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