A dos semanas de las elecciones autonómicas en Aragón, la campaña acelera con los principales candidatos volcados en consolidar apoyos en un escenario marcado por la incertidumbre política. Las encuestas anticipan un Parlamento fragmentado, sin mayorías claras, y un resultado que volverá a poner el foco en los pactos posteriores al 8 de febrero.
En este contexto, la socialista Pilar Alegría y el presidente autonómico y candidato del PP, Jorge Azcón, intensifican su agenda territorial con mensajes diferenciados. Mientras el PP apela a la gestión y a las inversiones, el PSOE busca presentarse como una alternativa que rompa con lo que define como parálisis institucional, en una campaña condicionada por la posible necesidad de acuerdos con Vox.
Pilar Alegría refuerza su perfil como alternativa de gobierno
La candidata del PSOE ha iniciado la campaña con un mensaje directo al actual Ejecutivo autonómico. Tras la pegada de carteles en Teruel, Alegría se comprometió a ejercer como una presidenta “a tiempo completo”, en contraste con lo que considera una gestión parcial por parte de Azcón durante la legislatura.
“Pretende gobernar como una presidenta a tiempo completo, a diferencia del actual jefe del Ejecutivo autonómico”, señaló la candidata, que acusó al Gobierno del PP de falta de impulso político y parálisis en áreas clave. Frente a ello, defendió un proyecto centrado en el refuerzo de los servicios públicos, con especial atención a sanidad, educación y políticas familiares.
Alegría también relativizó el impacto de los sondeos que pronostican una pérdida de escaños para el PSOE y recordó que “la única encuesta decisiva será la del día de las urnas”, apelando a la movilización del electorado progresista de cara al 8 de febrero.
Azcón apuesta por la gestión y una campaña de propuestas
Desde el lado del PP, Jorge Azcón ha planteado una campaña centrada en propuestas concretas, con el objetivo de consolidar su perfil de gestor y reforzar su base electoral. Entre los compromisos anunciados figura un plan para impulsar la construcción de mil viviendas al año, una de las banderas del programa popular en esta recta final.
El presidente aragonés afronta la campaña tras haber disuelto las Cortes en diciembre, en un contexto marcado por la imposibilidad de aprobar los presupuestos para 2026. Ese bloqueo, según el propio Azcón, justificó el adelanto electoral y ha sido uno de los ejes del debate político durante la precampaña.
Sin embargo, las encuestas apuntan a un escenario complejo para el PP. El último sondeo del Centro de Investigaciones Sociológicas indica que los populares volverían a necesitar el apoyo de Vox para gobernar, ya que incluso en el mejor de los casos no alcanzarían la mayoría absoluta de 34 escaños.
El peso de Vox y la fragmentación condicionan el 8F
Uno de los factores decisivos de estas elecciones será el crecimiento de Vox, que según el CIS podría pasar de 7 a entre 10 y 13 escaños en las Cortes de Aragón. Ese avance refuerza su papel como socio imprescindible para la investidura del PP y mantiene abierto el debate sobre la gobernabilidad de la comunidad.
Al mismo tiempo, el bloque progresista llega a la cita electoral fragmentado. A la izquierda del PSOE concurren varias opciones, lo que aumenta el riesgo de dispersión del voto, especialmente en provincias como Huesca y Teruel, donde el umbral efectivo puede dejar fuera a algunas candidaturas.
La campaña también se ve atravesada por factores externos, como el debate sobre la financiación autonómica o la influencia de la política nacional. “Ganar no es poder”, resume uno de los análisis clave del contexto electoral, en un Parlamento donde las mayorías absolutas son una excepción histórica y donde la negociación posterior al 8F será determinante para definir el próximo Gobierno aragonés.