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Si a fines de septiembre alguien hubiera tenido que apostar por cómo le iría al PSOE en la encuesta siguiente, pocos -muy pocos- habrían elegido una suba. Un desahucio que sacudió a la opinión pública, dos decretos de vivienda rechazados en el Congreso y unas Cortes disueltas antes de tiempo no parecían, precisamente, el mejor caldo para un Gobierno.

El Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), sin embargo, dice otra cosa. En el avance de su barómetro de octubre, los socialistas aparecen con una estimación de voto del 34%, tres puntos más que en septiembre. El PP, en cambio, cae al 22,2%: pierde 3,3 puntos en un mes. La brecha entre ambos pasa de 5,5 a 11,8 puntos. Es decir, casi se duplica.

Antes de seguir, hay que tener en cuenta que se trata de un avance de resultados. No es el barómetro completo ni, mucho menos, un resultado electoral. Es una primera entrega, centrada en la estimación de voto y en un puñado de preguntas de coyuntura. Lo que hay, por ahora, es una foto.

Esa foto corresponde al estudio 3582. Se basa en 5025 entrevistas telefónicas, realizadas entre el 1 y el 6 de octubre en 1370 municipios de las 50 provincias. El margen de error, para el conjunto de la muestra, es de ±1,4 puntos.

Las fechas no son un dato menor. El trabajo de campo coincidió, casi día por día, con el desenlace político del caso Maricarmen, que puso la crisis de la vivienda en el centro del debate y terminó por adelantar las elecciones al 29 de noviembre.

Del desahucio a las elecciones generales

Maricarmen Abascal tenía 87 años. El 23 de septiembre fue desahuciada de la vivienda de Madrid en la que había vivido durante décadas. Lo que siguió fue una reacción en cadena. Primero, las protestas y movilizaciones por el derecho a la vivienda, con una acampada en la Puerta del Sol como uno de sus focos principales. Una imagen que durante días ocupó portadas, pantallas y redes, y que convirtió un problema personal en una causa colectiva.

El caso de Maricarmen Abascal, amenazada con ser desahuciada de su vivienda en Madrid, desencadenó una ola de protestas y movilizaciones por el derecho a la vivienda en distintos puntos de España.Fuente: EFESergio Pérez

Después llegó la respuesta del Gobierno: el martes 29 de septiembre aprobó dos decretos ley sobre vivienda. En los papeles, era la forma de canalizar la presión de la calle. No alcanzó. El 2 de octubre, el Congreso los rechazó.

Esa votación fue, en los hechos, el final de la legislatura. Tres días más tarde -el 5 de octubre-, Pedro Sánchez anunció la disolución de las Cortes y la convocatoria a elecciones generales para el 29 de noviembre. Maricarmen murió el 7 de octubre. No llegó a volver a su casa.

Para entonces, los encuestadores del CIS ya habían terminado su trabajo. Buena parte de las entrevistas se hizo con los decretos recién caídos y sin fecha oficial de elecciones. Las últimas, con las urnas ya convocadas.

Un caso que conoce (casi) todo el mundo

El CIS no se limitó a medir intención de voto. Preguntó, directamente, por Maricarmen. Y las respuestas dan una idea del alcance del caso. El 98,5% de los entrevistados dijo haber oído hablar del desahucio. Más de la mitad -el 54,1%- aseguró conocerlo “con bastante detalle”. Entre quienes lo conocían, tres de cada cuatro (75,1%) le asignaron “mucha” o “bastante” importancia.

¿Qué debería pesar más en situaciones así? El 57,1% respondió que la protección de las personas vulnerables. El 32,7%, que el cumplimiento de la ley y de los contratos. Un 7,1% contestó, sin que se le ofreciera la opción, que ambas cosas por igual.

El impacto también se ve en la agenda. La vivienda es, por lejos, el principal problema de España para los entrevistados: el 29,9% la menciona en primer lugar, y el 55,7% la nombra entre sus tres principales preocupaciones. La segunda, la inmigración, aparece en el 20,9% de las respuestas. Es decir, menos de la mitad.

Hay, además, una diferencia que no es menor: cuando se pregunta por el problema que afecta personalmente a cada uno, la vivienda baja al 33,8%. Preocupa más como problema del país que como problema propio.

Los decretos: la letra chica

El 80,4% sabía que el Gobierno había aprobado los dos decretos. La valoración general, entre ellos, está lejos de ser unánime: el 47,2% los vio de forma positiva y el 42,3%, de forma negativa.

El martes 29 de septiembre Pedro Sánchez aprobó dos decretos ley sobre vivienda. No alcanzó. El 2 de octubre el Congreso los rechazó.EFE

Pero cuando la pregunta baja a cada medida, el panorama cambia. Casi todas tienen apoyo mayoritario, y algunas, abrumador. El IVA rebajado al 4% para construir vivienda protegida reúne un 95,1% a favor. La línea de crédito del ICO de 50.000 euros, sin intereses, para la primera vivienda, el 87,9%. Las rebajas de impuestos a inquilinos y a propietarios que bajen o congelen el alquiler, el 81,4% cada una.

También tienen respaldo mayoritario las medidas más duras, como la prohibición temporal de compra de viviendas por parte de fondos buitre (67,1%), la prohibición de desahucios para hogares vulnerables hasta 2030 (64,9%) y el endurecimiento de los alquileres de temporada y por habitaciones (64%).

Solo una medida queda en minoría: que la prórroga de los alquileres sea automática e indefinida. El 52,1% está en contra y el 43% a favor.

La paradoja, entonces, es evidente. Las medidas, una por una, gustan. El paquete, en conjunto, divide. El trasfondo, de todos modos, es claro. El 82,3% cree que la política de vivienda debe priorizar la vivienda como derecho constitucional. Solo el 11,5% la piensa, ante todo, como un bien de mercado.

El barómetro revela un dato más: el 40,7% sabe que las comunidades autónomas son las que hoy tienen las mayores competencias en vivienda. Pero el 48,1% cree que debería tenerlas el Estado.

Entonces, ¿cómo queda el tablero?

En el gráfico, la estimación de voto de cada partido según el avance del CIS.

La tabla de estimación electoral del estudio presenta estos porcentajes sobre el voto válido.Producción propia

Detrás de los dos grandes, el mapa se movió menos. Vox sigue como tercera fuerza, con el 17,1%, medio punto más que en septiembre. Sumar/Frente Amplio sube cuatro décimas, hasta el 6,1%. Podemos, en cambio, retrocede seis y queda en el 3,1%.

Más abajo, ERC obtiene el 3%; Se Acabó la Fiesta, el 1,8%, y EH Bildu, el 1,6%. Junts registra el 1,1%; el BNG, el 0,9%, y el PNV, el 0,6%. Cierran la tabla Coalición Canaria (0,2%) y UPN (0,1%). El resto de los partidos suma un 7,9%.

Lo que dice la gente, antes de la interpretación

La estimación es una elaboración. El CIS la construye con un modelo propio -el llamado “inercia-incertidumbre Alaminos-Tezanos”-, a partir de lo que responden los entrevistados. Y esa metodología, desde hace años, es motivo de críticas por parte de otros encuestadores y de la oposición.

Por eso, conviene mirar también el voto directo, es decir, lo que la gente contesta cuando se le pregunta a quién votaría, sin ningún ajuste. Ahí, el PSOE tiene el 25,3%; el PP, el 14,7%, y Vox, el 11,6%. De todos modos, la ventaja socialista se mantiene, pero sobre otra base.

Y aparece un dato que llama la atención: el 17,3% de los entrevistados no sabe todavía a quién votará. Otro 5,1% dice que no votaría y un 2,6% no contesta. Es decir, uno de cada cuatro no expresó un voto.

“Malversación” y “Manipulación” según el PP

Para el PP, el problema no son los números, sino quién los hace. El partido acusó al Gobierno de “malversación sistemática” por lo que considera una “manipulación” del CIS, al que llamó “un instrumento al servicio de la presidencia del Gobierno” y una “prolongación de Ferraz”, la sede del PSOE.

“El dinero de todos no puede estar al servicio de las necesidades electorales de Sánchez”, señaló en un comunicado la formación que lidera Alberto Núñez Feijóo, que también se quejó de que el barómetro no incluye “ni una sola pregunta” sobre Ceuta. Y, si gana el 29 de noviembre, promete una de las primeras “destituciones fulminantes” sería la de José Félix Tezanos, presidente del organismo y miembro.

Sánchez, Feijóo y una sorpresa

En la preferencia como presidente del Gobierno, Sánchez encabeza con el 25,8%. Detrás, casi empatados, Alberto Núñez Feijóo (9,6%) y Santiago Abascal (9,1%). Y, muy cerca de ellos, Gabriel Rufián, con el 8,1%. El líder de ERC, que encabeza la iniciativa para explorar una confluencia de partidos de izquierda, supera ampliamente a Yolanda Díaz (2,2%) y a Isabel Díaz Ayuso (3,3%).

Feijóo apunta contra Pedro Sánchez y afirma que los españoles no merecen “la agonía de un gobierno acabado”. Foto: EFE

Pero el segundo lugar, en realidad, no lo ocupa ningún dirigente: el 23,6% responde que ninguno de ellos. Las valoraciones confirman el clima. Ningún líder llega al aprobado. Sánchez obtiene un 4,4 sobre 10; Yolanda Díaz, un 4,2; Feijóo, un 3,4, y Abascal, un 2,9.

En confianza, el presidente tampoco sale bien parado: el 66% dice que le inspira poca o ninguna. Pero Feijóo está peor: el 82% siente lo mismo hacia el líder del PP.

Los números permiten hacer otra lectura. Si se suman, por un lado, PSOE, Sumar/Frente Amplio y Podemos, y por el otro, PP y Vox, el resultado se da vuelta respecto de un mes atrás.

En septiembre, la derecha -PP más Vox- reunía el 42,1% de la estimación, frente al 40,4% de la izquierda. En octubre, la relación se invierte: 43,2% contra 39,3%.

El movimiento, además, no es parejo dentro de cada bloque. En la derecha, Vox crece mientras el PP cae; parte del retroceso popular, entonces, no se va lejos. En la izquierda, el PSOE concentra casi toda la suba, mientras Podemos pierde terreno.

A tener en cuenta: son porcentajes de voto estimado, no escaños. Con el sistema electoral español, que reparte bancas por provincia, la traducción de esos puntos en diputados no es lineal. Y el avance del CIS no incluye esa proyección.

La coincidencia no es causa del resultado

La encuesta muestra que la suba socialista y la caída popular se dieron al mismo tiempo que la crisis de la vivienda, el fracaso de los decretos y el adelanto electoral. No muestra que una cosa haya provocado la otra. Hay coincidencia temporal; no, una relación causal demostrada.

Tampoco es, por sí sola, una tendencia. Es una medición, de un solo organismo, en un mes excepcional. Y con un electorado que, según el propio CIS, todavía está lejos de cerrar su decisión: el 56,5% dice que vota según lo que más lo convenza en cada momento, y uno de cada cuatro (25,7%) suele decidir su voto en la última semana de campaña, en la jornada de reflexión o el mismo día de las elecciones.

Lo que todavía falta saber es si se trata de una tendencia o de un fogonazo. Esa respuesta, ahí sí, la tendrán las urnas.