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La entrada en vigor provisional del acuerdo Mercosur-UE el pasado 1 de mayo ha reactivado el debate sobre el futuro de las relaciones comerciales entre Europa y América Latina. Aunque algunos sectores ya comenzaron a percibir beneficios concretos, especialistas coinciden en que el verdadero alcance del tratado dependerá de un proceso de adaptación que llevará tiempo y exigirá importantes cambios tanto para las empresas como para los propios Estados.

Ese escenario marcó el XII Encuentro Iberoamericano Empresarial celebrado este lunes en Alcobaça (Portugal), donde representantes institucionales, empresas, asociaciones empresariales, ayuntamientos y entidades financieras analizaron las oportunidades que abre el acuerdo entre ambos bloques.

En declaraciones a EFE, el presidente del Instituto para la Promoción de América Latina y Caribe (IPDAL), Paulo Neves, defendió que Europa debe reforzar su presencia en la región porque “Europa necesita nuevos mercados y necesita reforzar aquellos en los que ya está y, si hay un mercado con características muy semejantes a Europa es precisamente el latinoamericano, es un mercado natural”.

Para Víctor Gutiérrez Marcos, técnico comercial y economista del Estado consultado por El Cronista, este renovado interés europeo responde a un cambio mucho más profundo que el puramente comercial. En su opinión, “La autonomía estratégica abierta no es una contradicción, sino un equilibrio forzado. Operativamente es un camino de largo recorrido. Europa no busca la autarquía (que sería inviable dada nuestra escasez de materias primas críticas y energía), sino mitigar la vulnerabilidad.”

El especialista considera que el acuerdo debe interpretarse dentro de la nueva estrategia económica de Bruselas, orientada a reducir dependencias sin renunciar a la apertura comercial.

El acuerdo Mercosur-UE entra en una nueva etapa: por qué Europa mira ahora a América Latina
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El desafío ya no es firmar el acuerdo, sino aprovecharlo

Aunque el acuerdo Mercosur-UE ya comenzó a generar efectos concretos en algunos sectores exportadores, los especialistas coinciden en que la implementación plena todavía requerirá tiempo.

Ignacio Bartesaghi, director del Instituto de Negocios Internacionales de la Universidad Católica de Uruguay, advirtió a EFE que “La implementación plena del acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea se logrará solo si Uruguay acompaña a las empresas a ‘cumplir con los estándares de la UE’ y eso ‘puede llevar años’”.

El experto recordó además que los beneficios actuales siguen concentrados en pocas compañías. “Ya hay un beneficio visible en algunos productos que ya tenían aceitada su exportación a la UE y que se ven beneficiados por el aumento de cuotas y la baja de aranceles, pero eso no es el conjunto de las exportaciones de Uruguay”.

Ese diagnóstico coincide con el análisis de Gutiérrez Marcos, quien sostiene que el tratado ya no responde únicamente a una lógica de apertura comercial. Según explicó a El Cronista, “Estoy de acuerdo en que el acuerdo UE-Mercosur es un claro ejemplo de transición geoeconómica. Nació bajo la lógica del libre comercio clásico multilateral de los años 90 y 2000, pero hoy su justificación es principalmente geopolítica: asegurar el acceso a un bloque rico en recursos comerciales, agrícolas y minerales críticos, evitando que otras potencias consoliden su influencia allí”.

Desde esa perspectiva, el reto no pasa solo por aumentar las exportaciones, sino por adaptar la estructura productiva para competir en un entorno internacional donde la geopolítica gana peso sobre el libre comercio tradicional.

España busca diversificar mercados sin romper con Europa: el acuerdo Mercosur-UE como pieza de una nueva estrategia

Más allá de la reducción de aranceles o del incremento de las cuotas comerciales, el acuerdo Mercosur-UE refleja un cambio de enfoque en la política económica europea. En un contexto marcado por la guerra comercial, las tensiones geopolíticas y la competencia entre grandes potencias, Bruselas busca diversificar sus relaciones económicas sin renunciar a su principal mercado: la propia Unión Europea.

España parte de una posición especialmente favorable dentro de esa estrategia. Su economía mantiene una fuerte integración con el mercado comunitario, aunque el nuevo escenario internacional obliga a ampliar horizontes comerciales. En ese sentido, Gutiérrez Marcos recordó que España tiene un sector exterior extraordinariamente competitivo y muy integrado en las cadenas de valor europeas (más del 60% de nuestras exportaciones van a la UE)”.

Sin embargo, el especialista considera que esa fortaleza no debe impedir la búsqueda de nuevas oportunidades en otras regiones. “Asia ofrece dinámicas de crecimiento que Europa ya no tiene, y América Latina lazos culturales e históricos innegables. Sin embargo, diversificar hacia esos mercados exige un esfuerzo sostenido en tamaño empresarial, inversión en intangibles y asunción de mayores costes logísticos y regulatorios. No se trata de sustituir a Europa, sino de complementarla”.

El acuerdo Mercosur-UE entra en una nueva etapa: por qué Europa mira ahora a América Latina
El acuerdo Mercosur-UE entra en una nueva etapa: por qué Europa mira ahora a América LatinaFuente: ShutterstockShutterstock

El contexto internacional también está condicionado por la estrategia europea de reducir riesgos en sus relaciones con China.

Aunque Bruselas impulsa una política de de-risking, el economista advierte que sus efectos no serán inmediatos. “Por ahora, el comercio entre la UE y China sigue siendo muy importante. Esto no quiere decir que el derisking sea narrativa y no un objetivo de política económica. Cambiar las cadenas de suministro globales lleva años, si no décadas. Además, es difícil de cuantificar esto en una única métrica clara por las diferencias que hay entre los distintos sectores”.

A esa presión se suma el giro proteccionista de Estados Unidos, que obliga a Europa a replantear parte de su política industrial. Para Gutiérrez Marcos, “Para Europa y España, el giro proteccionista e industrial de EE. UU. es un desafío”, ya que “Rompe las reglas de la OMC y obliga a Europa a reaccionar para evitar una fuga de inversiones e innovación hacia el otro lado del Atlántico. España, por ejemplo, tiene un gran potencial en energías renovables, pero competir con los subsidios masivos estadounidenses es difícil sin una respuesta fiscal y de ayudas de Estado coordinada a nivel europeo”.

En este escenario, el especialista no prevé una ruptura del comercio internacional en bloques completamente aislados, sino una reorganización progresiva. Como conclusión, señaló: “Veo más probable el escenario que has definido como sistema híbrido. La interdependencia global es demasiado profunda para permitir una compartimentación estricta al estilo de la Guerra Fría.

“Creo que la idea de las políticas que están adoptando ahora los distintos países es tender hacia bloques más definidos y con reglas muy estrictas en bienes y servicios estratégicos, pero que seguirán comerciando intensamente en bienes convencionales y servicios no estratégicos”.

Víctor Gutiérrez Marcos, técnico comercial y economista del Estado.

Desde esa perspectiva, el acuerdo Mercosur-UE trasciende el plano estrictamente comercial. Para España supone una oportunidad para consolidar su posición como puente económico entre Europa y América Latina, mientras la Unión Europea redefine su estrategia internacional en un escenario donde la competitividad, la seguridad económica y la geopolítica tienen cada vez más peso en las decisiones comerciales.