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La tregua alcanzada entre Estados Unidos e Irán no solo redujo el riesgo de una escalada militar en Medio Oriente. También modificó uno de los principales motores que habían impulsado a la economía argentina durante los últimos meses: los altos precios internacionales de la energía y de los commodities.
El cambio quedó reflejado con rapidez en el mercado petrolero. Tras los avances en las negociaciones entre Washington y Teherán y la reapertura del estrecho de Ormuz, el Brent borró completamente las ganancias acumuladas durante la guerra y volvió a cotizar por debajo de los niveles previos al conflicto, mientras el WTI retrocedió hasta ubicarse por debajo de los u$s 70 por barril.
El mercado pasó en pocos días de estar al borde de una crisis global de abastecimiento a enfrentar un escenario de mayor oferta, con Arabia Saudita que retomó exportaciones desde el Golfo Pérsico, Qatar que reanudó licitaciones para vender crudo y otros productores que buscan incrementar su producción.

El impacto en la Argentina
Ese cambio de escenario es precisamente el que analiza el último informe de CIMA. La consultora advierte que, si bien la descompresión del conflicto reduce las presiones inflacionarias globales, también recorta parte del viento de cola que había favorecido a países exportadores como Argentina, pues se vieron impulsadas las exportaciones, la acumulación de reservas del Banco Central y la mejora de los términos de intercambio.
Durante las semanas más intensas del conflicto, la interrupción de aproximadamente el 20% del suministro mundial de petróleo y gas natural licuado llevó al Brent por encima de los u$s 100 por barril.
Sin embargo, tras anunciarse una tregua de 60 días y la reapertura del estrecho, el precio retrocedió cerca de un 20% hasta la zona de los u$s 75 y cambió rápido las expectativas del mercado.

Según destaca el informe, la suba previa de los commodities había mejorado sensiblemente los términos del intercambio. En abril los precios de las exportaciones crecieron 10,8% interanual y en mayo aceleraron al 13,9%, dejando atrás la estabilidad observada durante el primer trimestre.
El mayor beneficiado fue el sector energético. En mayo las exportaciones de energía aumentaron 167% interanual y generaron un superávit récord de u$s 1.545 millones.
El volumen exportado avanzó 78% respecto del mismo mes del año anterior, mientras que los precios internacionales aportaron otro 49% de crecimiento.
El agro también acompañó ese contexto favorable. El valor exportado de productos primarios creció 22,5% interanual y las manufacturas de origen agropecuario avanzaron 20,5%. Sumado a un incremento de 20,1% en las manufacturas industriales, las exportaciones argentinas terminaron expandiéndose 34,4% respecto de mayo del año pasado.
Ese flujo extraordinario de divisas tuvo un correlato directo sobre el mercado cambiario. CIMA sostiene que el elevado precio del petróleo favoreció el ciclo de compras de reservas del Banco Central durante el primer semestre.
Sin embargo, advierte que la caída reciente de los commodities ya comenzó a reflejarse en una desaceleración de esa acumulación.

La consultora considera que el contexto internacional incluso podría volver a parecerse al que el mercado esperaba antes de la guerra: un escenario de abundante oferta mundial de petróleo, menores presiones inflacionarias y precios más bajos para las materias primas.
Si esa tendencia se consolida, Argentina perdería parte del impulso externo que recibió durante los últimos meses gracias al encarecimiento de la energía.
El escenario se vuelve todavía más desafiante para economía argentina porque el segundo semestre suele registrar una menor oferta de dólares por cuestiones estacionales, una vez finalizada la cosecha gruesa. Si a ese fenómeno se suma un contexto internacional con menores precios para las exportaciones argentinas, el margen para seguir fortaleciendo las reservas podría reducirse significativamente.
En ese contexto, según CIMA, mantener un superávit sostenible de la cuenta corriente requerirá que el principal mecanismo de ajuste sea un tipo de cambio real más alto, acompañado por una flexibilización gradual de las restricciones cambiarias, en un escenario donde el impulso proveniente de los commodities ya no será el mismo que durante la primera mitad del año.
La consultora también relativiza uno de los factores que impulsó recientemente a los activos argentinos. Si bien reconoce que la mejora de la calificación soberana por parte de S&P ayudó al rally del S&P Merval medido en dólares, considera que ese efecto podría ser transitorio si el Banco Central no logra sostener una elevada acumulación de reservas cuando disminuya la oferta estacional de divisas.

El contexto bajo la lupa de los expertos
Para Diego Martínez Burzaco, country manager de Inviu, en charla con El Cronista, la principal consecuencia de una menor tensión geopolítica es que mejora el escenario macroeconómico global.
“Un mundo más tranquilo reduce el riesgo de que se deterioren las perspectivas de crecimiento y también ayuda a desactivar los temores de una nueva ola inflacionaria”, explicó.
Según el especialista, si las expectativas de inflación continúan moderándose, los principales bancos centrales podrán volver a concentrarse en el crecimiento económico antes que en combatir la suba de precios.
“Eso aumenta la probabilidad de que las tasas de interés permanezcan bajas o incluso puedan registrarse recortes en el futuro, un contexto que suele favorecer a los mercados emergentes y también a la Argentina”, sostuvo.
Respecto de los commodities, señaló que el fuerte salto registrado durante el conflicto probablemente tienda a revertirse, aunque sin modificar el panorama estructural para el país.
“Argentina sigue produciendo justamente lo que el mundo demanda: energía y alimentos. Las perspectivas de mediano y largo plazo siguen siendo positivas”, afirmó.
En ese sentido, consideró que un escenario internacional más estable también favorece el flujo de capitales.
“Con menor incertidumbre geopolítica mejora tanto el comercio mundial como el flujo financiero. Los inversores vuelven a buscar mercados con retornos atractivos y Argentina puede convertirse en uno de los destinos elegibles”, concluyó.
Entendimiento sí, pero con cautela
Para Emanuel Juárez, analista técnico financiero bursátil, el mercado todavía interpreta la tregua con cautela.
“No se trata de un acuerdo de paz definitivo, sino de un memorándum que abre una ventana de negociación de hasta 60 días. Es una señal de alivio, pero todavía no una solución permanente del conflicto”, explicó.
Desde su visión, uno de los primeros efectos positivos para la Argentina podría aparecer en el frente energético.
"Si el tránsito marítimo por el estrecho de Ormuz se normaliza y el petróleo pierde parte de la prima de riesgo geopolítico, podrían moderarse las presiones sobre los combustibles, la inflación importada y la demanda de divisas para importar energía, un escenario que favorecería la acumulación de reservas del Banco Central", comentó.
Sin embargo, advirtió que el riesgo no desapareció. “Irán sigue condicionando la normalización del tránsito marítimo y cualquier incumplimiento durante esta etapa de negociación puede reactivar rápidamente las tensiones”, señaló.
Sobre el dólar, Juárez remarcó que una menor aversión global al riesgo podría reducir parcialmente la demanda de activos refugio, aunque recordó que el índice dólar (DXY) mantiene una tendencia alcista desde hace varios meses.
“Mientras el dólar global siga fuerte, las monedas emergentes, incluida la argentina, continuarán enfrentando presión”, afirmó.
En cuanto a los commodities, indicó que el petróleo seguirá siendo el activo más sensible a las novedades geopolíticas.
“Una tregua sostenida podría seguir descomprimiendo los precios, algo positivo para la economía global, aunque con una lectura más ambigua para las compañías energéticas. En los granos, en cambio, el impacto será mucho más indirecto y dependerá principalmente del clima, la demanda china y la oferta mundial”, explicó.
Impulso para acciones, pero con rotacion
Finalmente, sostuvo que un mejor clima internacional podría impulsar a los activos argentinos en el corto plazo, pero con rotación de sectores.
“Bancos, utilities y empresas vinculadas al ciclo doméstico podrían verse beneficiados por un mayor apetito por riesgo, mientras que las compañías energéticas dependerán en gran medida de la evolución del precio del crudo", consideró.
“La tregua le da aire a la Argentina, pero todavía es una señal frágil: el mercado puede reaccionar positivamente ahora, aunque la volatilidad puede regresar rápidamente si las negociaciones fracasan”, concluyó.
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